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La enseñanza de las Humanidades

05 Jun

No quiero que esto que aquí escribo sea otra elegía por las Humanidades como tantas otras que se han pronunciado en los últimos años desde que allá por los finales de los sesenta del siglo pasado empezó a gestarse la Ley General de Educación, principio para muchos de todos los males que a las Humanidades les han acaecido en este nuestro país desde entonces. Pero aunque no quiera no voy a tener más remedio que aludir al objeto de esas elegías porque algo habrá de causa entre la enseñanza de las Humanidades y la reducción –si no casi desaparición– de sus materias en los sucesivos planes de estudio. Quienquiera que necesite alguna luz sobre la grandeza, la tradición y la necesidad de las Humanidades puede buscar cualquier escrito al respecto (los hay a patadas: hoy mismo, 4 de abril, el de Adela Cortina en El País: “El futuro de las Humanidades”). Creo que ya está todo dicho en un debate nacional que no fue tal, porque sólo opinaba una de las partes, mientras la otra, la que mandaba, se limitaba a legislar sobre el asunto sin dar más explicaciones. En esa parte opinante había de todo, desde opiniones argumentadas hasta inconfesables intereses corporativos del profesorado afectado por la reducción de su materia. Pero en ninguno de ellos –al menos de los que leí– observé la más mínima autocrítica sobre un hecho que a mí me parece crucial: cómo es posible que materias que versan sobre cuestiones vitales y que son objetivamente atractivas se hayan reducido –si no casi desaparecido– sin que el público receptor, esto es, los estudiantes o sus padres, que en muchos casos conocieron el anterior sistema, haya expresado la mínima objeción. Algo habremos hecho mal los enseñantes.

Vaya por delante una aclaración. No me encuentro entre los que sacralizan las Humanidades como únicas salvadoras de la independencia humanizadora de la mente. Como bien defendía Fernando Savater en El valor de educar, los que  aseguran que el nuevo sistema pretende acabar con estas materias y, en consecuencia, deshumanizar al estudiante tienen mucho de corporativismo. En primer lugar ¿quién se atreve a afirmar que estudiar matemáticas o química es menos humano que estudiar griego o filosofía? Defienden ellos que a través de sus materias se desarrollan la capacidad crítica de análisis, la curiosidad que no respeta dogmas ni ocultamientos, el sentido de razonamiento lógico, la sensibilidad para apreciar las más altas realizaciones del espíritu humano, la visión de conjunto ante el panorama del saber. Que alguien demuestre que la filosofía o el griego consiguen esos propósitos mucho mejor que las matemáticas o la química. Los tiros no van por ahí y el problema nos afecta a todos por igual.

Los tiros van, creo yo, y antes de entrar en la autocrítica, en el nuevo sistema pedagógico implantado en este país con la primera versión de la LOGSE. Ciertos pedagogos y psicólogos se hicieron con el poder real de ese nuevo sistema que propugnaba el principio de que el alumno no se fuera a herniar y que, además, todo tenía que ser divertido. Es decir, se acabó el esfuerzo. Añádase que la deseable universalización de la educación trajo consigo una consecuencia nefasta. Francisco Márquez Villanueva escribía el 1 pasado en El País: “Qué duda puede caber que todos estamos por una educación igualitaria, pero por ello se sobrentiende una alta calidad, un estímulo a la superación y no un patético rasero de indigencias” (“La nueva barbarie tecnológica”, 1/IV/10).

Pero en esta situación, como decía antes, algo habremos hecho, es más, algo o mucho hemos hecho nosotros, los enseñantes de Humanidades. En lo que a mi campo concierne, la Filología Clásica, es decir, el Latín y el Griego, hemos abusado hasta extremos difícilmente comprensibles de la lengua en menoscabo de la literatura. Nos hemos limitado durante muchos años a traducir y no a comentar el contenido de los textos. Hemos puesto nuestro fin en multitud de reglitas que han hecho que en la mayoría de los casos el estudiante acabe por denostar el Latín y el Griego sin darse cuenta de que lo que se estaba traduciendo era Horacio o Tucídides. Por ejemplo, en la enseñanza del Latín se ha hecho un mundo del subjuntivo o de la consecutio temporum, que es algo que un hablante romance tiene automáticamente resuelto en su mente. Y lo mismo se puede decir de la Lengua y la Literatura españolas. En mis estudios universitarios padecí el abuso de la erudición: se estudiaba todo lo relacionado con El Quijote pero casi no se le leía. Ahora, la situación se ha ido al otro extremo. Hace ya más de diez años, el 14 de diciembre de 1999, Luis Landero, excelente novelista y profesor de instituto, escribió en El País un artículo titulado “El gramático a palos” que comenzaba así: “Tengo un joven amigo que, después de diez años de estudiar gramática, se ha convertido al fin en un analfabeto de lo más ilustrado. Se trata de un estudiante de bachillerato de nivel medio, como tantos otros, y aunque tiene dificultades casi insalvables para leer con soltura y criterio el editorial de un periódico, es capaz sin embargo de analizar sintácticamente el texto que apenas logra descifrar. Su léxico culto es pobre, casi de supervivencia, pero eso no le impide despiezar morfológicamente, como un buen técnico que es, las palabras cuyo significado ignora y enumerar luego de corrido los rasgos del lenguaje periodístico, y comentar las perífrasis verbales y explayarse aún en otras lindezas formales de ese estilo”. Y concluía así: “Hace ya tiempo que la tecnificación del saber llegó también a las humanidades, culpables acaso de parecer sobrantes y anacrónicas en el mundo de hoy. Uno no tiene nada contra la gramática, pero sí contra la intoxicación gramatical que están sufriendo nuestros jóvenes. Uno está convencido de que, fuera de algunos rudimentos teóricos, la gramática se aprende leyendo y escribiendo, y de que quien llegue, por ejemplo, a leer bien una página, entonando bien las oraciones y desentrañando con la voz el contenido y la música del idioma, ése sabe sintaxis. Sólo entonces, como una confirmación y un enriquecimiento de lo que básicamente ya se sabe, alcanzará la teoría a tener un sentido y a mejorar la competencia lingüística del usuario. Así que, quien quiera aprender lengua, que estudie literatura, mucha literatura, porque sólo los buenos libros podrán remediar la plaga que se nos avecina de los gramáticos a palos”.

La enseñanza de las Humanidades debe, en mi opinión, apartarse de esa tecnificación, volver a acercar al alumno a la reflexión sobre las cuestiones fundamentales: nuestro origen y herencia recibida, nuestro lugar en el mundo, como paso previo a esperar otro mundo mejor que no sólo es posible sino que además es necesario. Porque todo eso está en nuestras materias. Sólo hace falta talar el árbol pedagógico para poder ver el bosque de las ideas.

Juan Fernández Valverde

Catedrático de Filología Latina de

la Universidad Pablo de Olavide

 

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La enseñanza de las Humanidades

 
5 comentarios

Publicado por en 5 junio, 2010 en Revolutum

 

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5 Respuestas a “La enseñanza de las Humanidades

  1. Gabriel

    7 junio, 2010 at 10:21 pm

    Cuánta razón.

    Antes de nada, me presento:

    Me llamo Gabriel Sánchez, y soy estudiante de Magisterio de Lengua Extranjera, en la Facultad de Educación y Centro de Formación del Profesorado de la Universidad Complutense de Madrid. Diplomatura que, por cierto, desaparecerá para siempre dentro de dos años, junto a otros magisterios, para ser sustituídas por los nuevos grados, que tan sólo serán de primaria e infantil, y en cuyos planes de estudio tienen las Humanidades menos relevancia (aún) que en los actuales.

    Pero no vengo aquí a hablar del destrozo que eso significará para la educación y cultura de los niños de españa, que van a ser, al fin y al cabo, los que decidan qué rumbo tomar en la educación en el futuro.

    Simplemente, vengo para felicitar al escritor del artículo, brillante, a expresar mi acuerdo con lo que expresa (añado, si no os importa, que en muchas asignaturas de la rama de ciencias ocurre algo parecido: a nadie le importa saber matemáticas en sí, por ejemplo, saber por qué funcionan así, qué significan, qué sentido dan a la vida del ser humano… tan sólo importa saber hacer unas operaciones consideradas como básicas, sin saber siquiera qué razón o lógica han llevado a la humanidad a su descubrimiento…) y a mostrar un texto escrito por Rosa Montero el día 2 de Mayo de este año, en el periódico El País, que creo puede interesaros, por su relación con la enseñanza de las humanidades.

    El link al artículo es el siguiente: http://www.elpais.com/articulo/portada/convertir/Quijote/ladrillo/elpepusoceps/20100502elpepspor_17/Tes

    Espero que os guste o, al menos, os parezca interesante.

    Un saludo desde Madrid, y suerte con la revista.

     
    • Angie

      7 junio, 2010 at 10:49 pm

      Me alegra que por fin encontraras tiempo para leer el artículo de Juan, y que te gustara. La verdad es que sí, todos nos sentimos algo identificados, pero aún así, pese a la educación que recibimos y toda la literatura que, como explica Rosa Montero en el artículo que pasaste (por cierto, ahora lo añadiré a los enlaces, es muy interesante), nos hacen leer de forma tal vez inadecuada (yo no diría que es problema de la edad con que los leemos, sino de los pocos antecedentes de lectura que se nos exigen a esa edad), es gratificante encontrar un grupo de gente, como somos los que hacemos H, y todos los que la leéis, que aún así no es que tengan cultura, sino que la buscan ávidamente. Mientras aún exista gente así, hay esperanza.

       
  2. Tanus

    11 junio, 2010 at 2:11 pm

    Es una vergüenza la masacre que estamos permitiendo. Nos reconducen una y otra vez de manera menos sutil hacia una sociedad en la que prima la productividad y la alienación, dejando en un cada vez más obvio segundo plano a la sabiduría.

    Sin ánimo de llamar nazis a los que están llevando a cabo la barbarie en los planes de estudio voy a dejar una pequeña referencia en forma de metáfora hiperbólica extraída de la película “La Lista de Schindler”:


    Al trasladar a los judíos al guetto, los soldados alemanes hacían entrevistas personales a los judíos preguntándoles su ocupación, con el fin de determinar qué judíos podrían ser “Trabajadores Esenciales” (que tuviesen algún tipo de productividad útil para el régimen, como herrero, carpintero, etc.). En una de las escenas aparece un hombre sacado a empujones gritando:

    -¿No soy un trabajador esencial? Enseño literatura en la escuela. ¿Desde cuando no es esencial?

    Vuelvo a reiterar que no es mi intención llamar nazis a aquellos que están enterrando la cultura, pero ya saben lo que pasa si les pido que no imaginen un oso polar de color rojo…

    Y es que, compañeros, el conocimiento y la individualidad dejará de ser importante y acabaremos viviendo en el mundo feliz que nos mostraba Huxley, a menos que consigamos transmitir estos valores a los que vienen detrás.

    Gracias por aportar vuestro granito para que esto trascienda.

    Un abrazo.

     
  3. Yaiza

    17 junio, 2010 at 2:11 am

    Enorabuena.

    Hoy he descubierto que existía este proyecto. Un
    profesor nos lo ha comentado en clase y me ha parecido muy interesante.
    Me hubiera gustado ir a vuestra presentación y poder enterarme mejor de cuáles son vuestros objetivos e inquietudes.
    Sólo quería felicitaros por vuestra iniciativa y deciros que tanto yo, como otros compañeros de Humanidades, estaríamos encantados de participar y de ayudaros en todo lo que nececesiteis.

    A todos nos interesa que esto siga adelante.

    Os dejo el enlace del primer número de la revista de ATTAC en España. Creo que a todos os puede interesar.
    http://www.attacpv.info/public/www/web3/images/file/CCAttac1.pdf

    Yaiza Sellés, 5º Humanidades.

     
  4. Lucía

    24 septiembre, 2010 at 12:06 am

    Gracias Yaiza, efectivamente a todos nos encantaría que este proyecto saliese adelante, por lo importante que es para todos, por la ilusión que mantenemos los que nos unimos, por cada artículo que nos llega o que escribimos… Y por ello queremos contar con todos aquellos a los que verdaderamente les interese, así pues, os animamos a que lo hagáis y os pongáis en contacto con nosotros cuantas veces queráis, pues todos somos necesarios.

    Saludos Humanísticos.

     

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