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Lewis Carroll

17 Jun

Ya durante la presentación del ciclo “Del papel a la pantalla” el pasado martes 15 de junio de 2010 perfilamos algunos detalles sobre los autores tratados, Lewis Carroll y Jan Svankmajer, pero el ciclo continúa, gracias a este mar cibernético. Entre esta semana y la que viene publicaremos una serie de artículos relacinados con el mundo de Alicia. ¿Quieres profundizar más en el tema con nosotros? Hoy comenzamos con una breve biografía del creador  de la obra maestra, sin el que todo esto no sería posible: Lewis Carroll. No tienes más que seguir leyendo…

 

¡Alicia!, acepta este cuento

y con dedos delicados

ponlo donde están trenzados

sueños del mundo infantil

con la cinta del Recuerdo,

como coronas ajadas

hechas con flores cortadas

en un lejano país.

(Lewis Carrol,

Alicia en el País de las Maravillas

Madrid, Editorial Cátedra, 2008, p. 112)

 

El mismo Lewis Carroll parece sacado de uno de sus cuentos: un personaje taciturno, sobre el que poco se conoce, difícil de comprender en su totalidad, pero que posee la habilidad de transportarse (y transportarnos) mágicamente al País de las Maravillas (literalmente, ¿por qué no?). Popularmente no se conoce mucho acerca de esta gran figura, misteriosa en parte, polifacética, a veces incomprendida, aunque una vez te adentras en su vida descubres una conexión, algo de ti en ese hombre, o más bien algo de él en ti, si nos centramos en la cronología.

Lewis Carroll no era más que un pseudónimo con el que firmó algunas de sus obras; su verdadero nombre era Charles Lutwidge Dodgson, nacido en Cheshire (Inglaterra) en 1832. Utilizó por primera vez el pseudónimo en 1856, al publicar su poema Soledad en The Train. Partiendo de su nombre Charles Lutwidge, lo latinizó como Ludovicus Carolus, para después volver a transcribirlo en inglés como Lewis Carroll.

Vivió buena parte de su vida en Oxford, aunque la muerte le sorprendería en Surrey, otra comarca del sur de Inglaterra. Intelectualmente, puede afirmarse que Charles Dodgson tuvo una vida completa, dedicada a la religión, la fotografía, la literatura, las matemáticas, la lógica e incluso la lingüística, lo que hizo de él un hombre de enorme cultura, si bien no de sociedad.

A pesar de que son muchas las facetas de la vida de Lewis Carroll que hemos nombrado, a lo que él siempre quiso dedicarse, para lo que estudió y que luego le proporcionó un trabajo como profesor, fueron las Matemáticas. Estudió en la prestigiosa universidad Oxford, demostrando un desarrollado talento en la materia que, sin embargo, nunca le permitió destacar frente a otras imponentes figuras de la época como Cayley, Sylveser o Clifford. Sí conseguirá, al contrario, ser reconocido en el campo de la Lógica, que no sólo acertaba a comprender, sino que conseguía explicar de forma bastante amena.

Es una de las curiosidades de mayor rango sobre el autor, que a la vez ha despertado mucha polémica por la incapacidad de los estudiosos de proponer una teoría imbatible. ¿Cómo podía una persona tan cerrada en sí misma, tímida, tartamuda, ser capaz de aplicar las leyes más complejas de la Matemática y la Lógica, transformar la Lingüística y con todo ello divertir a un niño? La prueba de ello la tenemos en la gran razón por la que Lewis Carroll (y no Charles Dodgson) ha pasado a la historia, siendo aún recordado y versionado por algunos de los autores más relevantes de la historia del cine, desde Walt Disney (1951) hasta Tim Burton (2010), pasando por Cecil Hepworth (1903) y Jan Švankmajer (1988): su obra maestra, Alicia en el País de las Maravillas, y su secuela, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí.

El primero de los cuentos fue escrito como entretenimiento de tres exigentes niños, con los que solía jugar y que pedían nada menos que un cuento a la vez divertido, original y, lo que se convirtió en la clave de su obra, absurdo. Este es el punto de partida para nuestro autor: escribir un cuento, en este caso la historia de Alicia, que viaja a un nuevo mundo donde nada de lo que ella conoce tiene sentido. Y ahí está su genialidad, pues para poder confundir los conceptos y jugar con la realidad tienes que tener muy claro cómo es ésta de verdad. El efecto Zappa, caos encerrado en el más perfecto orden. Porque, en estos cuentos (el éxito que tuvo el primer cuento de Alicia llevó a Carroll a escribir la segunda historia), Lewis Carroll vuelca todos sus conocimientos de lógica y lingüística, inventando y satirizando normas lingüísticas y especialmente semánticas, tomando cualquier norma en general para volverla del revés y llegar así al culmen del absurdo.

Tal vez hayamos hablado de su obra literaria como un galimatías, pero poco tiene que ver con la rectitud que siguió en su vida. En 1857 consiguió un puesto de profesor en la Christ Church, que desempeñaría durante 26 años. Allí se le ordenó diácono 4 años después, pero nunca llegó a aceptar el sacerdocio, conservando su puesto de trabajo gracias a la ayuda del deán Henry Liddell, con cuya familia mantuvo una buena relación durante años. Pese a que no se casó, y por lo tanto nunca tuvo hijos, Lewis Carroll siempre fue un gran amante de los niños (podría llamársele pedófilo en el mejor sentido de la palabra), y eso se observa fácilmente en sus obras sobre Alicia, escritas especialmente para niños. Esta Alicia se ha considerado tradicionalmente, de hecho, basada en Alicia Liddell, hija del deán de la Christ Church. Aunque en realidad este personaje es mucho más amplio que eso, y las influencias de Carroll no se basan sólo en Alicia, es innegable la importancia que tuvo la niña en la vida del autor, además de ser una de las causantes primeras de la creación de la obra.

Hoy en día, gracias a los estudios realizados, a los documentos encontrados y a las propias cartas de Charles Dodgson, se conocen muchos detalles de la vida del autor, aunque aún hoy en día es difícil afirmar con seguridad que se le conoce. Tal vez sea por eso, por el misterio que su persona ha transmitido a sus obras, pero éstas le han sobrevivido ya más de dos siglos y, cuando todo el mundo parece olvidarle, el boom de Alicia vuelve a resurgir, cada vez con más fuerzas.

Ángeles Garrido Oliva

 

Y, como siempre, os ofrecemos la versión en PDF

cia!, acepta este cuento

y con dedos delicados

ponlo donde están trenzados

sueños del mundo infantil

con la cinta del Recuerdo,

como coronas ajadas

hechas con flores cortadas

en un lejano país.

(Lewis Carrol,

Alicia en el País de las Maravillas

Madrid, Editorial Cátedra, 2008, p. 112)

El mismo Lewis Carroll parece sacado de uno de sus cuentos: un personaje taciturno, sobre el que poco se conoce, difícil de comprender en su totalidad, pero que posee la habilidad de transportarse (y transportarnos) mágicamente al País de las Maravillas (literalmente, ¿por qué no?). Popularmente no se conoce mucho acerca de esta gran figura, misteriosa en parte, polifacética, a veces incomprendida, aunque una vez te adentras en su vida descubres una conexión, algo de ti en ese hombre, o más bien algo de él en ti, si nos centramos en la cronología.

Lewis Carroll no era más que un pseudónimo con el que firmó algunas de sus obras; su verdadero nombre era Charles Lutwidge Dodgson, nacido en Cheshire (Inglaterra) en 1832. Utilizó por primera vez el pseudónimo en 1856, al publicar su poema Soledad en The Train. Partiendo de su nombre Charles Lutwidge, lo latinizó como Ludovicus Carolus, para después volver a transcribirlo en inglés como Lewis Carroll.

Vivió buena parte de su vida en Oxford, aunque la muerte le sorprendería en Surrey, otra comarca del sur de Inglaterra. Intelectualmente, puede afirmarse que Charles Dodgson tuvo una vida completa, dedicada a la religión, la fotografía, la literatura, las matemáticas, la lógica e incluso la lingüística, lo que hizo de él un hombre de enorme cultura, si bien no de sociedad.

A pesar de que son muchas las facetas de la vida de Lewis Carroll que hemos nombrado, a lo que él siempre quiso dedicarse, para lo que estudió y que luego le proporcionó un trabajo como profesor, fueron las Matemáticas. Estudió en la prestigiosa universidad Oxford, demostrando un desarrollado talento en la materia que, sin embargo, nunca le permitió destacar frente a otras imponentes figuras de la época como Cayley, Sylveser o Clifford. Sí conseguirá, al contrario, ser reconocido en el campo de la Lógica, que no sólo acertaba a comprender, sino que conseguía explicar de forma bastante amena.

Es una de las curiosidades de mayor rango sobre el autor, que a la vez ha despertado mucha polémica por la incapacidad de los estudiosos de proponer una teoría imbatible. ¿Cómo podía una persona tan cerrada en sí misma, tímida, tartamuda, ser capaz de aplicar las leyes más complejas de la Matemática y la Lógica, transformar la Lingüística y con todo ello divertir a un niño? La prueba de ello la tenemos en la gran razón por la que Lewis Carroll (y no Charles Dodgson) ha pasado a la historia, siendo aún recordado y versionado por algunos de los autores más relevantes de la historia del cine, desde Walt Disney (1951) hasta Tim Burton (2010), pasando por Cecil Hepworth (1903) y Jan Švankmajer (1988): su obra maestra, Alicia en el País de las Maravillas, y su secuela, Alicia a través del espejo.

El primero de los cuentos fue escrito como entretenimiento de tres exigentes niños, con los que solía jugar y que pedían nada menos que un cuento a la vez divertido, original y, lo que se convirtió en la clave de su obra, absurdo. Este es el punto de partida para nuestro autor: escribir un cuento, en este caso la historia de Alicia, que viaja a un nuevo mundo donde nada de lo que ella conoce tiene sentido. Y ahí está su genialidad, pues para poder confundir los conceptos y jugar con la realidad tienes que tener muy claro cómo es ésta de verdad. El efecto Zappa, caos encerrado en el más perfecto orden. Porque, en estos cuentos (el éxito que tuvo el primer cuento de Alicia llevó a Carroll a escribir la segunda historia), Lewis Carroll vuelca todos sus conocimientos de lógica y lingüística, inventando y satirizando normas lingüísticas y especialmente semánticas, tomando cualquier norma en general para volverla del revés y llegar así al culmen del absurdo.

Tal vez hayamos hablado de su obra literaria como un galimatías, pero poco tiene que ver con la rectitud que siguió en su vida. En 1857 consiguió un puesto de profesor en la Christ Church, que desempeñaría durante 26 años. Allí se le ordenó diácono 4 años después, pero nunca llegó a aceptar el sacerdocio, conservando su puesto de trabajo gracias a la ayuda del deán Henry Liddell, con cuya familia mantuvo una buena relación durante años. Pese a que no se casó, y por lo tanto nunca tuvo hijos, Lewis Carroll siempre fue un gran amante de los niños (podría llamársele pedófilo en el mejor sentido de la palabra), y eso se observa fácilmente en sus obras sobre Alicia, escritas especialmente para niños. Esta Alicia se ha considerado tradicionalmente, de hecho, basada en Alicia Liddell, hija del deán de la Christ Church. Aunque en realidad este personaje es mucho más amplio que eso, y las influencias de Carroll no se basan sólo en Alicia, es innegable la importancia que tuvo la niña en la vida del autor, además de ser una de las causantes primeras de la creación de la obra.

Hoy en día, gracias a los estudios realizados, a los documentos encontrados y a las propias cartas de Charles Dodgson, se conocen muchos detalles de la vida del autor, aunque aún hoy en día es difícil afirmar con seguridad que se le conoce. Tal vez sea por eso, por el misterio que su persona ha transmitido a sus obras, pero éstas le han sobrevivido ya más de dos siglos y, cuando todo el mundo parece olvidarle, el boom de Alicia vuelve a resurgir, cada vez con más fuerzas.

Ángeles Garrido Oliva

 

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15 comentarios

Publicado por en 17 junio, 2010 en Tintero

 

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15 Respuestas a “Lewis Carroll

  1. Elena

    17 junio, 2010 at 6:50 pm

    Angie,
    genial el artículo, que aún no te lo había comentado 🙂 Solo una cosita… ¡El nombre de la secuela de Alicia, corazón! Se ve que le tienes coraje al nombre real… xD

    Este hombre es realmente fascinante. Recuérdame que busquemos un día de estos su libro de lógica en el caos que es la biblioteca de la UPO, ¿vale?

     
  2. El alegre ahorcado

    17 junio, 2010 at 8:00 pm

    Queridos háchidos, alegre en mi árbol, leo esta noticia en la prensa de hoy (Diario de Sevilla): http://www.diariodesevilla.es/article/sevilla/727126/h/humanidades/una/novedad/digital/la/universidad/pablo/olavide.html

     
    • G.

      17 junio, 2010 at 9:54 pm

      Hola Sr. Ahorcado, tengo que informarle que no es una sorpresa para muchos de nosotros… llevamos toda la mañana festejándolo en tuenti. De hecho, sospecho que dentro de poco la tendremos por H junto a la noticia de El Mundo. Pero, ¡gracias por la información!

       
  3. Miriam

    18 junio, 2010 at 9:29 pm

    Me encanta lo de pedófilo en el mejor sentido de la palabra, toda una traducción directa en ese caso XD, hoy que me lo he leído más tranquila, me ha gustado más incluso Angie (y mira que me gustaba).

    😀

     
  4. L

    19 junio, 2010 at 12:43 am

    Angie felicidades por tu gran artículo, la verdad nunca me había interesado por saber un poco más de él.
    Gracias por ayudarme a aprender cada día.

     
  5. Angie

    19 junio, 2010 at 4:16 pm

    ¡Muchas gracias a todos! En primer lugar, Elena, ya corregí eso del artículo, si bien en el pdf lo sigue poniendo… a ver si luego lo arreglo. Y no me eches las culpas, que el artículo estaba listo antes de la presentación, que fue cuando empezaste a corregirme por veinte veces… en fin, qué se le va a hacer.
    Me alegro que os haya gustado el artículo. Miriam, a mí también me encanta lo de “pedófilo en el mejor sentido de la palabra”. Es que tú sabes lo que me fastidia que se utilice ese tipo de información solo para buscar el morbo, y me pareció que era una buena manera de normbrarlo pero quitándole toda esa carga peyorativa. Si no ceñimos a lo literal, “pedófilo” significa “amante de niños”, ¿no? Pues ahí va.
    Y muchas gracias a todos los que nos vais siguiendo por el periódico, pronto colgaremos la información, pero estoy esperando para conseguir el vídeo (ejem), que estoy seguro de que también hay muchas ganas de verlo.

     
  6. Patri N.

    19 junio, 2010 at 11:53 pm

    ¡Angie!
    Está genial, me ha encantado y la verdad me he enterado de muchas cosas de este hombre. Además es curioso xD
    En fin, ya sé que he llegado un poco tarde a leerlo pero más vale tarde que nunca y ya sabes la parsimonia que tengo xD
    Besos y ¡Enorabuena! ^^

     
  7. Alberto

    20 junio, 2010 at 3:34 pm

    El artículo, estupendioso. ¡Arriba Carroll, arriba H, arriba Angie!

     
  8. Miri

    20 junio, 2010 at 6:39 pm

    ¡Queremos el vídeo!
    ¡Queremos el vídeo!

     
    • Angie

      20 junio, 2010 at 10:49 pm

      Ya sabéis a quién tenéis que presionar, no a mí…

       
  9. yooy

    17 enero, 2012 at 6:30 pm

    jajajjajajajajajjaj

     
  10. reyna calderon tanori

    17 enero, 2012 at 6:34 pm

    no eres tu soy yo

     

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