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Miguel Delibes

29 Jul

Admiremos al hombre auténtico de veras,

que sabe organizar su vivir y sus libros,

muy al tanto de todo, sin inclinarse a nada,

porque son tan ajenas

al manantial continuo de gran inspiración;

auténtico vivir cuajado en escritura

límpida, magistral, y así tan convincente,

un arte narrativo que recrea

Campo y Ciudad, sus luces y sus ideas,

profundos los paisajes minuciosos,

vegetaciones, hombres, animales,

en medio el cazador.

(Jorge Guillén; cit. por Manuel Alvar,
El mundo novelesco de Miguel Delibes,
Madrid, Editorial Gredos, 1987, p. 114).

Miguel Delibes, hijo de Adolfo Delibes y Maria Setién, nace el 17 de octubre de 1920 en Valladolid – lo que lo localizaría entre la generación del 1936 y la de 1950- si bien el propio autor rechazaba cualquier etiqueta o significación colectiva. Muere el 12 de marzo de 2010, tras 89 años de una vida que podría definirse como individualista, huraña, amante de la naturaleza y de la conversación con sus semejantes.

Fue un cruce de casualidades lo que condujo a Delibes a la producción literaria. Tras cursar los estudios elementales en el colegio de La Salle y sufrir durante su juventud la guerra civil, Delibes comenzó sus estudios de Derecho y Comercio, compaginándolos con su papel de caricaturista para el periódico El Norte de Castilla. Fueron la influencia de este periódico, el apoyo de su mujer Ángeles de Castro y el estudio de Joaquín Garrigues, mercantilista orteguiano, lo que promovieron su afición a las letras.

La obra literaria de Delibes comienza con una serie de cartas, sucesos y necrológicas para el ya citado periódico. Es en el año 1946 cuando presenta su primera novela: La sombra del ciprés es alargada. Su inicial éxito y el apoyo incondicional de Josep Vergés, su editor, llevaron a Delibes a continuar su trayectoria literaria, con la seguridad que le proporcionaban la cátedra en Derecho Mercantil en la Escuela de Comercio y el puesto de director en El Norte de Castilla.

Alejado de la vanguardia periodística, su trayectoria como novelista le permite difundir su filosofía y su ideología a favor de los sectores más desfavorecidos por otros medios, siempre esquivando la censura. Famoso ya por algunas obras (El camino, La hoja roja, etc.) en Las ratas denunc

ia la penosa situación en que viven muchos de sus paisanos.

Los Santos Inocentes, Mario Camus, 1984

A pesar de que viaja y conoce diversos sitios de Europa e Iberoamérica, prefiere situar sus novelas en ambientes de pueblos y pequeñas ciudades de España. De hecho, muchas de las obras que le han llevado a la fama poseen unos fuertes rasgos de la España de la primera mitad del siglo XX. Así no es extraño ver en varias de sus obras (Cinco horas con Mario, Las guerras de nuestros antepasados, Los santos inocentes…) el triste recuerdo de una España de posguerra.

Se caracteriza por ser un gran humanista, libre de pensamiento y ejemplo de virtudes ciudadanas. Son memorables las palabras de César Alonso de los Ríos: “me enseñó el difícil ejercicio de dudar y de saber reconocer las razones del otro.[…] Aprendí de él, antes que de Gramsci, que hay que ser pesimistas de inteligencia y optimistas de voluntad”.

Es elegido miembro de la Real Academia el 1 de febrero de 1973. Además ha sido ganador de varios premios, como el Príncipe de Asturias (1982), el Premio de las Letras Españolas (1991) y el Cervantes (1993) entre otros. Muchas de sus obras, además, han sido llevadas al cine, como Los Santos Inocentes.

Él mismo dijo que “en todo escritor influyen aquellos autores que leyó anteriormente”. Así no nos resulta raro que a lo largo de sus obras veamos un claro avance: comienza imitando a las obras que leyó en su infancia y acaba con la lectura de grandes maestros, como Proust, Dostoyevski, etc.

Con todo lo dicho no es difícil deducir que no sólo fue un gran literato y humanista, sino un gran hombre. Como Borges atribuyó a Tolsti: “el conocimiento del hombre conjugado con la perfección literaria.”

Sara Relinque Camacho y Elena Sánchez Orta



Como siempre, os recomendamos nuestros enlaces relacionados, y ya disponéis de la versión PDF para vuestro libre disfrute.

Admiremos al hombre auténtico de veras,

que sabe organizar su vivir y sus libros,

muy al tanto de todo, sin inclinarse a nada,

porque son tan ajenas

al manantial continuo de gran inspiración;

auténtico vivir cuajado en escritura

límpida, magistral, y así tan convincente,

un arte narrativo que recrea

Campo y Ciudad, sus luces y sus ideas,

profundos los paisajes minuciosos,

vegetaciones, hombres, animales,

en medio el cazador[1].

Miguel Delibes, hijo de Adolfo Delibes y Maria Setién, nace el 17 de octubre de 1920 en Valladolid – lo que lo localizaría entre la generación del 1936 y la de 1950- si bien el propio autor rechazaba cualquier etiqueta o significación colectiva. Muere el 12 de marzo de 2010, tras 89 años de una vida que podría definirse como individualista, huraña, amante de la naturaleza y de la conversación con sus semejantes.

Fue un cruce de casualidades lo que condujo a Delibes a la producción literaria. Tras cursar los estudios elementales en el colegio de La Salle y sufrir durante su juventud la guerra civil, Delibes comenzó sus estudios de Derecho y Comercio, compaginándolos con su papel de caricaturista para el periódico El Norte de Castilla. Fueron la influencia de este periódico, el apoyo de su mujer Ángeles de Castro y el estudio de Joaquín Garrigues, mercantilista orteguiano, lo que promovieron su afición a las letras.

La obra literaria de Delibes comienza con una serie de cartas, sucesos y necrológicas para el ya citado periódico. Es en el año 1946 cuando presenta su primera novela: La sombra del ciprés es alargada. Su inicial éxito y el apoyo incondicional de Josep Vergés, su editor, llevaron a Delibes a continuar su trayectoria literaria, con la seguridad que le proporcionaban la cátedra en Derecho Mercantil en la Escuela de Comercio y el puesto de director en El Norte de Castilla.

Alejado de la vanguardia periodística, su trayectoria como novelista le permite difundir su filosofía y su ideología a favor de los sectores más desfavorecidos por otros medios, siempre esquivando la censura. Famoso ya por algunas obras (El camino, La hoja roja, etc.) en Las ratas denuncia la penosa situación en que viven muchos de sus paisanos.

A pesar de que viaja y conoce diversos sitios de Europa e Iberoamérica, prefiere situar sus novelas en ambientes de pueblos y pequeñas ciudades de España. De hecho, muchas de las obras que le han llevado a la fama poseen unos fuertes rasgos de la España de la primera mitad del siglo XX. Así no es extraño ver en varias de sus obras (Cinco horas con Mario, Las guerras de nuestros antepasados, Los santos inocentes…) el triste recuerdo de una España de posguerra.

Se caracteriza por ser un gran humanista, libre de pensamiento y ejemplo de virtudes ciudadanas. Son memorables las palabras de César Alonso de los Ríos: “me enseñó el difícil ejercicio de dudar y de saber reconocer las razones del otro.[…] Aprendí de él, antes que de Gramsci, que hay que ser pesimistas de inteligencia y optimistas de voluntad”.

Es elegido miembro de la Real Academia el 1 de febrero de 1973. Además ha sido ganador de varios premios, como el Príncipe de Asturias (1982), el Premio de las Letras Españolas (1991) y el Cervantes (1993) entre otros. Muchas de sus obras, además, han sido llevadas al cine, como Los Santos Inocentes.

Él mismo dijo que “en todo escritor influyen aquellos autores que leyó anteriormente”. Así no nos resulta raro que a lo largo de sus obras veamos un claro avance: comienza imitando a las obras que leyó en su infancia y acaba con la lectura de grandes maestros, como Proust, Dostoyevski, etc.

Con todo lo dicho no es difícil deducir que no sólo fue un gran literato y humanista, sino un gran hombre. Como Borges atribuyó a Tolsti: “el conocimiento del hombre conjugado con la perfección literaria.”

Sara Relinque Camacho y Elena Sánchez Orta


[1] Jorge Guillén; cit. por Manuel Alvar, El mundo novelesco de Miguel Delibes. Madrid, Editorial Gredos, 1987, p. 114

 
6 comentarios

Publicado por en 29 julio, 2010 en Tintero

 

Etiquetas: , ,

6 Respuestas a “Miguel Delibes

  1. Miriam

    29 julio, 2010 at 1:11 am

    Volver y encontrarse con esto no tiene precio =)

     
    • Angie

      30 julio, 2010 at 10:19 pm

      Que no se diga que paramos por vacaciones

       
  2. Alberto

    2 agosto, 2010 at 11:22 am

    Desde luego, amigos, es estupendo encontraros por aquí, ¡y con magníficos artículos como éste! Buen veraneo.

     
  3. Miriam

    2 agosto, 2010 at 1:48 pm

    Hay que actualizar ejem ejem!!

     
  4. Albanerea

    5 agosto, 2010 at 7:44 pm

    Gracias porque a pesar de ser verano seguís trabajando y haciendo unos artículos que realmente interesan y son estupendos.
    Seguid así y mucho animo ^^

     
  5. Verónica

    16 agosto, 2010 at 2:42 pm

    “Genial”, vox populi dixit.

     

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