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El club de la lucha

14 Nov

“Prestad atención, muchachos: no sois especiales. No sois un copo de nieve único y hermoso, sois de la misma materia orgánica en descomposición que todo lo demás. Todos formamos parte del mismo montón de estiércol”.

Inmerso en una época marcada por la apatía general de la sociedad hacia el consumismo y las manipulaciones publicitarias (lo que en Sociología se conoce como ‘Generación X’) siempre se teme, o se espera, algún tipo de “revolución” que provoque y extienda el caos y la confusión en esos estratos inicialmente inalcanzables e inmunes a la presión de unos pocos. Así el protagonista de El club de la Lucha, película dirigida en 1999 por el realizador David Fincher y basada en la novela homónima de Chuck Palahniuk, es un clásico modelo de antihéroe que desarrolla un odio visceral hacia sí mismo, un comportamiento altamente violento y claros síntomas de inestabilidad mental, que decide inaugurar un club de boxeo que va contando poco a poco con más adeptos, llegando a un punto en el que escapa de todo tipo de control.

El protagonista, llamado Jack en el guión de la película y por el mismo Palahniuk, tras un largo periodo de insomnio crónico que altera gravemente su visión de la realidad, conoce a Tyler Durden, un vendedor de jabones que posee una visión muy crítica del consumismo actual y de la cultura predominante a la que toda la sociedad debe adaptarse en una mayor o menor medida.

“En mi opinión nadie debe realizarse. Yo digo: deja de ser perfecto. Yo digo: evolucionemos. (…) La auto perfección es simple masturbación; en cambio, la autodestrucción es la respuesta que necesitamos”.

De este modo, tras una pelea entre ellos en la que únicamente buscan una nueva experiencia, fundan una sociedad basada en la descarga de adrenalina y furia por medio de luchas a puñetazos.

Sin embargo, Tyler va utilizando a los miembros del club para difundir entre ellos sus ideas anti-sistema, llegando a fundar lo que él llama ‘Proyecto Mayhem’, basado en ataques a múltiples corporaciones estadounidenses y cuyo fin último es la destrucción de la civilización moderna. Jack comienza a sentir repulsión por lo que él y Tyler han creado, ya que los individuos que antes se encontraban alienados por la sociedad consumista y corporativista americana han pasado a organizarse en los clubs de lucha y a confiar en Tyler como los borregos confían en el trabajador que los lleva al matadero. De esta forma, trata de frenar el proyecto, arriesgando incluso su vida y descubriendo la verdadera identidad de Tyler: no es sino su álter ego. Se descubre aquí que Jack sufre un trastorno psicótico denominado ‘trastorno disociativo de la identidad’, por medio del cual crea un personaje externo a sí mismo que reúne todas las cualidades deseadas pero no conseguidas en su vida. Así, Tyler es una persona decidida y rebelde, capaz de tomar decisiones importantes sin vacilar y con un carisma especial que provoca un seguimiento fiel de todo aquel que le escucha.

A pesar de que los finales del libro y de la película difieren mucho entre ellos, Palahniuk alabó la realización del filme, así como la adaptación del guión. La película fue un rotundo fracaso en taquilla, pero se convirtió inmediatamente en un objeto de culto para los cinéfilos y recibió críticas muy polarizadas por parte de la prensa, convirtiéndose en una de las más controvertidas del año; lanzó a la fama al actor Edward Norton (Jack) y para muchos críticos es uno de los mejores trabajos de Brad Pitt (Tyler), aunque la violencia excesiva fue considerada por gran parte de la crítica como una promoción de la conducta autodestructiva.

Asimismo, jugó en su contra el hecho de ser clasificada por algunos como misógina. Esta opinión se debe, aparte de al hecho de que sólo exista un personaje femenino en toda la película, a que uno de los temas fundamentales sea el de la feminización de la sociedad; el mismo Tyler dice: “somos una generación de hombres criados por mujeres. Me pregunto si otra mujer es realmente la respuesta que necesitamos”. Los personajes se encuentran así sin un modelo masculino predeterminado que les ayude a moldear su masculinidad y presos de lo que el protagonista denomina ‘instinto IKEA’, resultado de la feminización de los hombres en una sociedad predominantemente matriarcal (algo probablemente parecido a lo que ocurre actualmente con las mujeres, algunas de las cuales han suprimido parte de su feminidad para ocupar un puesto de importancia en esta sociedad actual netamente masculina).

Fincher definió en su día la película como “una cinta sobre la mayoría de edad“, sobre la forma en la que todos buscamos crear en nosotros una personalidad independiente, pero centrada en los treintañeros (la ‘generación perdida’, caracterizada por una rebeldía apática contra el sistema establecido y el rechazo a lo que rodea a sus integrantes); de hecho, el protagonista admite en un fragmento de la película: “no puedo casarme… soy un niño de treinta años”. Es interesante también hablar del contenido revolucionario que tanto el libro como la película contienen: la lucha contra la manipulación, la publicidad y el consumismo por medio de la acción directa.

“Perseguís a la gente de quien dependéis; preparamos vuestras comidas, recogemos vuestras basuras, conectamos vuestras llamadas, conducimos vuestras ambulancias y os protegemos mientras dormís. Así que no te metas con nosotros.”

Estas palabras, salidas de la boca de Tyler hacia el jefe de policía encargado de la investigación de los atentados del proyecto Mayhem, pueden verse como toda una declaración de intenciones y una instancia a recordar el poder del que, aunque encubierto, siempre han dispuesto las clases ‘bajas’. La unión contra el estrato social beneficiado es el poder en el que todas las revoluciones se han basado, desde la bolchevique hasta la francesa. Sin embargo, como ocurrió en la revolución rusa y como ocurre en El Club de la Lucha, en ocasiones algunas revoluciones terminan desembocando en gobiernos más o menos totalitarios; así, Tyler se convierte para los ‘monos espaciales’ (nombre dado a los integrantes del proyecto Mayhem y que viene del sacrificio que realizaron los monos que fueron lanzados al espacio como cobayas de las primeras misiones de la NASA) en un padre y un dios, en los padres que los abandonaron y en el dios en el que nunca creyeron. El carisma de Tyler (del que obviamente carece Jack) es fundamental en este momento para crear un clima de confianza ciega en los miles de integrantes del proyecto: podemos comprobar que, en el original del libro de Palahniuk, la quinta y última regla del proyecto Mayhem es ‘In Tyler we trust’, convirtiéndose éste en un Führer admirado y respetado por todos.

En definitiva, lo innegable de esta producción es que, ante la insondable producción de películas creadas de acuerdo con unas ideas preconcebidas y aceptadas por una mayoría que suele ejercer un gran efecto de presión, El Club de la Lucha va a contracorriente, provocando opiniones dispares pero nunca provocando la indiferencia entre sus espectadores; algunos sintieron una repugnancia extrema durante su visionado, otros la convirtieron en un objeto de culto y rigen su vida en mayor o menor medida por los dictados de Tyler Durden. Lo que sí está claro es que si David Fincher quería reflejar fielmente el estilo nihilista de las novelas de Palahniuk, lo consiguió.

Laín

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2 comentarios

Publicado por en 14 noviembre, 2010 en La última fila

 

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2 Respuestas a “El club de la lucha

  1. Sirena Varada

    5 enero, 2011 at 6:32 pm

    Una de mis películas favoritas.
    Magistral artículo, ¡enhorabuena!

     
  2. Pamela

    24 octubre, 2011 at 6:49 am

    Me gusto mucho leer el análisis de la película, es sin lugar a dudas, una de las mejores que hollywood ha ofrecido y las actuaciones espectaculares

     

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