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El alimento en las religiones

09 Ago

Resulta atrayente cómo el alimento ha sido en numerosas ocasiones razón de disputas o de adoración en unas y en otras religiones. Según los estudios que he realizado, he podido averiguar y aprender que no sólo afecta en este sentido un alimento en concreto u otro, sino que es el comienzo, es la razón por la que el ser humano en un momento preciso de su larga vida, cree en algo superior. Es el hecho de sentirse dependiente y débil lo que le hace valorar un determinado objeto hasta el punto de adorarlo.

Son ya muchos los autores que se han preocupado por la alimentación como estudio antropológico y sin embargo no desde hace mucho tiempo. Richards fue uno de los primeros antropólogos que incluyó en dos de sus obras publicadas en 1932 y 1939, respectivamente, la relación de la alimentación con la vida económica y social de los Bemba (situados en lo que por entonces se denominaba Rhodesia del Norte, actual Zambia).Tras este autor le siguen otros como Bronislaw o Malinowski, considerado padre de la antropología social basada en la experiencia personas y el trabajo de campo, o como Margaret Mead, que junto con Guthe escribió el primer manual de referencia en cuanto a la alimentación. [1]

¿Alguien se ha preguntado alguna vez por qué comenzó el hombre a creer en alguien o algo superior? Desde luego que sí, pero pocos han llegado a la conclusión de que fue la necesidad y la dependencia lo que le llevó a ello. Por este motivo el presente ensayo comienza con una breve explicación de este hecho en concreto, para partir hacia un mundo lleno de curiosidades muy dispares con un punto en común.

En la evolución desde los prosimios al homo sapiens-sapiens se produjeron numerosos cambios; los primeros tenían un esqueleto más frágil, sus huesos eran más redondeandos. Pero no se originaron únicamente evoluciones biológicas, es a partir de este momento cuando se ocasionan cambios culturales entre el homo y el resto de los animales:

La cultura definida como; todo lo que es hecho o intervenido por el hombre, en cuanto a materiales, a creencias, a ideas y, entre los aspectos más importantes, la comunicación, pues es aquello que hace posible diferenciar entre lo  natural y lo cultural, puesto que aunque todo animal, por muy reducida que sea la comunicación, ya sea emitiendo un sonido, ya sea efectuando unos determinados movimientos, es capaz de informar, el hombre es el único apto para comunicar sus deseos, para hablar de su historia, de sus sentimientos e ideas. Su lenguaje será el más complejo porque está condicionado tanto por su idioma como por su educación, sus valores, sus hábitos y  por supuestos sus creencias. [2]

A lo largo de la historia han aparecido y desaparecido numerosas religiones, de las cuales algunas conocemos, aunque continúen o no practicándose, como por ejemplo el Islam o el politeísmo clásico  y muchas otras seguramente se han dejado atrás y por tanto se desconoce su posible existencia, y esto puede ocurrir tanto sobre religiones del pasado, porque no hayan llegado a nosotros ni siquiera el polvo de sus vidas, como religiones en el presente, aunque esto último es menos esperado debido a que en general la comunicación global ha facilitado enormemente la posibilidad de conocimiento de cualquier cosa casi para cualquier persona.

Se conoce que el ser humano desde sus orígenes ha creído en la existencia de fuerzas sobrenaturales que le hacían posible la vida en la tierra. De esta forma desde que el hombre es hombre, ya en el paleolítico y en el neolítico, pensaba en la existencia de uno o varios dioses, en forma de fuerzas divinas que se encontraban en la naturaleza. ¿Pero que le ha llevado al hombre a creer en algo superior a él, y por qué siempre ha creado ceremonias religiosas alrededor de ese ser?

En el momento en el que poblaban la Tierra aquellas sociedades, lo verdaderamente importante era la naturaleza, pues se dieron cuenta de que era de ella de la que podían vivir; tanto por los frutos que crecían de la tierra, como por las aguas que bajaban de las montañas, como por los animales que por allí se encontraban. Al considerarse a ellos mismo como una vida más que poblaba la tierra, nadie se sentía superior a nada, y se veían en el deber de respetar la naturaleza y de cuidarla como ella hacía con los hombres. Creían en la existía de una fuerza superior en todo aquello que les daba vida, algunos hablaban de que la mayor fuerza era en sí la naturaleza, pero la mayoría creía que existían fuerzas diversas, una fuerza en el agua, otra en los árboles. Pensaban que el número de animales que mataban tenía que ser el necesario para su abastecimiento, así como el número de frutos que recogían, de esta forma existía conexión con la tierra y ellos mismos creaban un hábito sostenible pues entendían que en el momento en el que derrochasen y cazasen más de lo que necesitaban, en un futuro aquella fuerza les castigaría. (Es complejo pero no hay que entender el término fuerza como lo conocemos actualmente en física, es decir, como una resistencia o una capacidad, sino como un ente superior. Ellos se referían a una fuerza divina).

Es evidente que actualmente somos capaces de diferenciar con claridad entre lo religioso y lo profano, pero en un principio no se distinguía con tal nitidez. Las ceremonias religiosas tenían la finalidad de que mejorase la caza, o de que lloviese y facilitase la agricultura, etc. A estas religiones no se las conoce exactamente como tales, sino con el nombre de sociedades de cazadores-recolectores y sociedades de agricultores.

Esta reacción del hombre, no es más que el puro instinto animal pero sobre un ser verdaderamente más complejo, en primer lugar por lo que hemos dicho, por su gran capacidad y necesidad de comunicación. Este comienzo de la vida, es como ya he expresado anteriormente, el reflejo del instinto más básico, el de la alimentación. Eran conscientes ya entonces, debido a la experiencia,  de que aquello de lo que se alimentaban no podía faltarles, y no debían malgastarlo, de lo contrario, llamémosle lógica, llamémosle Dios… en un futuro podían sufrir las consecuencias faltándoles.

A medida que el hombre se da cuenta del valor que tiene algo para su subsistencia, lo protege cada vez más, se produce un comienzo de adoración hacia aquello que aprecian, en algunos casos la vaca, en otros el cerdo, fuere lo que fuere, les posibilitaba la supervivencia y por ello se consideraba por encima a todo aquello que perteneciese a la naturaleza y les diese la vida. Además debe apuntarse que el hombre cazador comienza a experimentar que los resultados tras varias jornadas de caza variaban constantemente, esto fue lo que provocó el origen de lo que el hombre interpreta por buena y mala suerte. Este concepto de suerte es de gran importancia porque es lo que hace pensar al hombre que no depende de sus propios actos  sino de la voluntad de alguien superior que controla esa suerte. A fin de conseguir que ese ser superior otorgue suerte para el día posterior, inician sacrificios de forma que creen satisfacer al ser.

Aunque parezca extraño es aquí, en ésta época de la historia cuando comienza a pensarse en la existencia de algo sagrado, así poco a poco se van creando los ritos y se habla de creencias. Ya por entonces tuvieron lugar la aparición de sacerdotes, cuya labor era en un primer momento acrecentar y transmitir los conocimientos de su comunidad. La función es parecida a la que le otorgamos hoy día a esta misma palabra, pues al fin y al cabo, es quien transmite los conocimientos que posee sobre una materia, la religión. En  un primer momento, el sacerdote, y estudia las constelaciones, debe transmitir el saber aprendido por la experiencia etc. deber que si nos damos cuenta hace  con una intención  más espiritual que física.

Existen ejemplos de numerosas sociedades en las que se ha dado este tipo de creencia en fuerzas sobrenaturales, y lo extraño es que no hace tanto, ya no hablamos del paleolítico o del neolítico, sino de sociedades que algunos venturosos antropólogos han podido observar y estudiar. Citemos algunos ejemplos:

  •  Ocurría por ejemplo entre los melanesios de Oceanía, los cuales creían en el mana, una fuerza sagrada que existía en el universo y que podía residir en las personas, en los animales, las plantas o los objetos. Sin embargo esta misma fuerza para los Polinesios no estaba al alcance de todos, estaba vinculada a los cargos políticos.[3]
  • Una creencia que guarda relación con el reconocimiento de la sacralidad de animales y plantas, es el totemismo. Se trata de un hecho que algunos antropólogos consideran también como una religión. El tótem es según contempla el diccionario de la Real Academia de la Lengua, un objeto de la naturaleza, generalmente un animal, que en la mitología de algunas sociedades se toma como emblema protector de la tribu o del individuo, y a veces como ascendiente o progenitor. Cada persona tiene su propio tótem, pero no tiene por qué ser el mismo a lo largo de toda su vida, es cambiante según las necesidades del propio individuo.
  •  Un ejemplo más, de una religión que aun actualmente vive, es el sintoísmo, la religión oficial de Japón. Los espíritus son los kami, seres que pueden residir en cuerpos inertes o vivos, con un poder superior al de los hombres. Los kami pueden ser divididos en tres y curiosamente los kami de la naturaleza son los más añejos. En general las religiones orientales valoran y aprecian de una forma especial la naturaleza.

Pero estas costumbres de adorar la naturaleza y de creerla con poder, no es única y exclusiva de religiones generalmente ajenas a nosotros. Son numerosas las religiones que valoran más un alimento o un ser que otro, y son muchas las que desvalorizan otros tantos.

En la religión cristiana llueven los momentos citados en la Biblia en los que la comida es el pretexto de un milagro, por ejemplo en “Las Bodas de Caná”, milagro en el que Jesús convierte el agua en vino porque durante el banquete de una boda se había agotado, o en “La multiplicación de los panes y los peces”, en el que profeta multiplica cinco panes y dos peces para dar de comer a cientos de personas. [4]

La parte más importante de la ceremonia cristiana está constituida por la consagración, el recuerdo de la última cena de Jesucristo en compañía de sus doce apóstoles. Este hecho es denominado transustanciación; durante la ceremonia, el sacerdote que pronuncia la misa, parte el pan y el vino, sustancias que según los creyentes se transforman en cuerpo y sangre de Cristo. Este acto es el culmen de la celebración, el momento más importante durante la misa, en el que los creyentes se postran unánimemente.

Una vez más apreciamos el valor del alimento, pues para las personas aquello que simplemente nos sustenta, pueden transformarse en cosas, pueden ser fuerzas sagradas. [5] Esto es algo que destaca Igor de Garine durante su conferencia, comenta que aunque existen costumbres muy dispares entre todas la culturas (también en la alimentación) coincide en todas ellas que al menos hay un alimento básico que normalmente son carbohidratos y glúcidos, proporcionando la gran parte del valor calórico de las dietas. Y destaca que este alimento básico es al que se le da grandes cargas simbólicas.

Así expone:

Estos alimentos centrales con fuerte carga simbólica proporcionan la mayor parte del valor calórico de la dieta (…) y dan el ritmo de los eventos sociales y religiosos del ciclo anual.”

Esto es lo que el médico y psicoanalista Smith Ely Jelliffe denomina “súper alimento cultural” (cultural superfood.) Y si nos damos cuenta, el pan de cada día es el que se reparte durante la consagración en la ceremonia cristiana, siendo este alimento el fundamental en la Europa occidental.  El arroz en Asia, el maíz en México…

Pero no solo se le han dado connotaciones positivas a los alimentos, en esta misma religión también la comida es el síntoma de un hecho negativo; para las religiones judía y cristiana, los primeros pobladores de la tierra, Adán y Eva, incumplen el mandato de Dios comiendo una pieza de fruta, concretamente una manzana. Tras desobedecer a Dios, Éste decide echarles del paraíso terrenal y llevarles al mundo en el que no solo existe el placer, la diversión y la felicidad, sino también la responsabilidad, lo difícil y lo doloroso.

En el caso de los musulmanes, los creyentes del Islam, su religión se sustenta en los cinco pilares de la fe, entre los que se incluye el ayuno y la reflexión durante el mes de ramadán. Durante este mes lunar no pueden beber, ni comer, desde que sale el sol hasta que se postra. Pero además de estos cinco pilares fundamentales mantienen una serie de reglas debido a la tradición de éstas. Algunas de ellas determinan lo que está o no permitido comer y beber y entre ellas figura la prohibición de comer carne de cerdo y beber bebidas alcohólicas, o tomar sangre o alimentos que la contengan, por ello toda la carne que ingieren tiene que haber sido desangrada con un rito específico.

¿Existen razones lógicas por las que sus antepasados tomaron las decisiones de que no podían tomar carne de cerdo? Algunos musulmanes opinan que es porque Alá ya sabía que el cerdo podía transmitir diversas enfermedades, y que Él no les iba a dejar tomar algo que podía ser perjudicial. Otros musulmanes piensan, según he podido comprobar tras mis estudios, que fue por razones de escasez de este animal en tiempos de Mahoma, así para que perdurase este animal se prohibió su consumo.

En la religión judía son aún más las restricciones alimenticias que nos encontramos. En la Torá, uno de los tres libros que comprenden la Tanak, el libro sagrado de los judíos, se expone que animales como el cerdo y el conejo no pueden ser consumidos a causa de su impureza. Tampoco pueden tomar sangre y por ello deben matar a los animales mediante el rito Kasher, ni pueden comer carne a la vez que leche o sus derivados. Todas estas condiciones impuestas para su correcta alimentación pueden suponer problemas a la hora de la expansión de una religión.

Pero no son las únicas controversias que podemos encontrar a la hora de determinar el alimento tabú, o costumbres que se tienen sobre ellos al manipularlos o al comerlos. Antropólogos como Igor de Garine, opinan que esas creencias son en ocasiones las causantes de la deficiencia nutricional, evidentemente esto se debe al desconocimiento de la población. Por lo tanto todas aquellas costumbres que tienen que ver con el cuidado o la prohibición de alimentos no tienen porqué estar sujetas a razones lógicas, pueden ser simplemente costumbres, tradiciones de la población que han ido tomando a lo largo de la historia.

Así la antropóloga expone por ejemplo que algunas poblaciones africanas hierven las verduras que cosechan, durante mucho tiempo. Esto lo que conlleva es una considerable disminución de su aporte vitamínico, en una sociedad escasa de recursos.

Expone también que los Masa, habitantes de norte de Camerún, cuya alimentación se basa en la harina de sorgo (una planta con la que hacen una especie de pan) se negaban a tomar una variedad de sogo que cultivaba una tribu cercana, los Tupuri, sabiendo que les podía salvar la vida en tiempos de escasez, y lo hacían por motivos mágico-religiosos.

Queda demostrado pues, que no todas las costumbres alimenticias tienen una razón lógica, y  es más, algunas de ellas pueden perjudicar gravemente la salud. Pero quizás el fallo puede hallarse al intentar darle una razón lógica a todo, porque el ser humano actúa a veces en función de lo que cree, de su fe, y sabe que no siempre se trata de decisiones convenientes para su cuerpo, sabe que en ocasiones va en contra de lo que la biología o la física ha demostrado, pero es que, que el ser humano sea el único animal capaz de razonar, no quiere decir que todo lo que haga o crea esté llevado a cabo por la razón.

Lucía Sacristán Pérez,

H (de Humanidades)

  • Bibliografía

Principales fuentes:

Igor de Garine: Antropología cultural: entre Naturaleza y Cultura. Con la colaboración de Valeria de Garine. (conferencia inaugural).

www.museuvalenciaetnologia.es/userfiles/file/Ernaehrung_und_Kultur.pdf

Enciclopedia. Tomo 19-Religiones y culturas. Editorial Santillana. Dirección editorial, Eric Juan Redal.

 Otras lecturas:

Cantón Delgado, María. La razón hechizada. Teorías antropológicas de la religión.

Gracia Arnaiz, Mabel. (coordinadora) Somos lo que comemos. (2002). Editorial Ariel.

Levi Strauss, Claude. Antropología estructural (1958) y El totemismo hoy (1962).

 Como siempre, puedes bajarte este archivo en PDF.


[1] Igor de Garine: Antropología cultural: entre Naturaleza y Cultura. Con la colaboración de Valeria de Garine. (conferencia inaugural)

[2] Valdebenito, Carolina. Antropóloga social. Definiendo Homo Sapiens-Sapiens: Aproximación antropológica.

[3] Kottak, Conrad Phillip: Antropología cultural. mcgraw-hill / interamericana de España, S.A. 2006

[4] La Santa Biblia. San Pablo. “Bodas de caná” Nuevo testamento, Evangelios, San Juan  2:1 – 2:11. “Multiplicación de los panes y los peces” Nuevo testamento, Evangelios, San Marcos 6:35 – 6:44.

[5] Igor de Garine: Antropología cultural: entre Naturaleza y Cultura. Con la colaboración de Valeria de Garine. (conferencia inaugural)

 
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Publicado por en 9 agosto, 2011 en Revolutum

 

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