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La mujer del Magreb

23 Dic

Marruecos es un país monárquico situado en África del Norte, separado de Europa por el estrecho de Gibraltar. Es el único de los países africanos que no pertenece ala UniónAfricana.Marruecos cuenta con cuatro cordilleras: el Rif, el Atlas Medio, el Gran Atlas y el Antiatlas. El clima de esta zona es, obviamente, mediterráneo.

Segúnla Constituciónde Marruecos, el país es una monarquía constitucional, con un Parlamento elegido. El rey puede disolver el gobierno y el Parlamento y dirigir las fuerzas militares.

En su extensión podemos encontrar dos grupos lingüísticos: los árabes y los beréberes. Ambos grupos tienen rasgos culturales comunes pero poseen algunas diferencias. El porcentaje de la población beréber en este reino es del 35 % a finales de los cincuenta mientras que los árabes representan el 66 %.

En este ensayo trataremos de los aspectos más significativos de la sociedad magrebí, hablando también del papel de la mujer en cada característica. En primer lugar hablaremos del parentesco y del múltiple abanico que este abre (patrilocalidad, tribu, patrilinealidad, etc.).

La sociedad marroquí está determinada por una estructura tribal, por una patrilinealidad, una patrilocalidad, una familia extensa (ijs), una preferencia hacia la endogamia (sobre todo entre los árabes) y por una monogamia, aunque a veces nos encontramos con la poligamia (nikāh).

En Marruecos, el parentesco estructura las relaciones entre todas las personas. Sobre esto se construye un sistema de género en el que la mujer es madre y esposa y el hombre es el proveedor y protector de la familia, por lo que podemos decir que el parentesco determina la construcción del género[1]. W. Roberson-Smith definió al parentesco como un sistema patriarcal que implicaba una serie de jerarquización y relaciones de poder entre los dos sexos, lo cual significaba la total subordinación de las mujeres a los hombres. Otros autores destacan los aportes de las mujeres por lo que en lugar de una estructura patriarcal la califica de androcéntrica.

La tribu (qabīla en árabe y taqbilt en beréber) se caracteriza por una ascendencia familiar (nasab) que da continuidad histórica a dicha tribu y permite distinguir e incluso clasificar a los individuos partiendo de su genealogía, desde una presunta filiación unilineal, y por la ‘asabiyya[2] que vincula a las personas a partir de un origen común. También tenemos que decir que el nombre de la tribu proviene de un antepasado común y que las relaciones entre las personas y los “bandos” que se originan en una situación de conflicto son construidas a través de la genealogía, teniendo en cuenta la distancia que se mantiene con el antepasado común.

La patrilocalidad establece la primacía de la filiación paterna, el nombre que recibe la descendencia es el de la línea masculina. En cuanto a esta característica podemos analizar el papel de la mujer desde sus implicaciones positivas y negativas. La mujer tiene un papel fundamental porque permite la reproducción social que supone la continuación del apellido. También tienen un papel muy importante a la hora de los enlaces matrimoniales, donde se les reconocen sus parentescos.

Aunque no todo es bueno, esto también puede tener implicaciones negativas. La mujer está relegada a un segundo plano en la vida privada y en la pública en cuanto a la toma de decisiones, la mujer no puede aumentar el honor de la familia pero sí perderla, participa escasamente en la vida política y apenas puede acceder a cargos en la administración del Estado.

La patrilocalidad supone que los nuevos matrimonios vayan a residir en la comunidad a la que pertenece el marido, por lo que la mujer sale seriamente perjudicada. Esto implica que la mujer salga de su grupo de conocidos y se introduzca en otro grupo de desconocidos donde no podrá obtener el apoyo ni la complicidad que tenía antes del enlace. Más peor aún, la mujer recién casada estará bajo el mando y la supervisión de su suegra (máxima representante del marido), que puede decidir cómo se debe llevar la casa de su hijo (aunque no viva en ella). Con esto aparece una jerarquización femenina (de la cual hablaremos más tarde), por encima de la esposa recién casada se encuentra la suegra, aunque las hermanas del marido también tienen una posición por encima de ella.

Solo en aquellos casos donde las relaciones sean muy buenas, la esposa será incluso considerada como una hija más e incluso será protegida y respetada por todos los componentes del grupo. Parece que esta patrilocalidad no pretende en absoluto la conexión total de las mujeres con sus nuevos grupos familiares, pues está el divorcio en el cual las mujeres abandonan el grupo al que se habían incorporado para volver a su antiguo hogar.

Antes de hablar de la patrilinealidad hablaremos de la jerarquización de las mujeres que puede ser analizado desde distintas facetas:

  1. Desde su capacidad de decisión dentro del grupo familiar. Esto analiza el poder de las mujeres dentro del grupo, observada desde su capacidad de establecer pactos matrimoniales. Son lo matrimonios ordinarios, negociados por las mujeres, son enlaces mayormente de hijas con el objetivo del matrimonio en sí.
  2. Desde el prestigio que infunde su posición en la familia. La madre tiene más prestigio que la hija y la suegra más que la nuera. Las mujeres que se incorporan a un nuevo grupo poseen menos poder que las que pertenecen a él. Las mujeres tienen más prestigio a medida que van teniendo más años, cuanto más mayores son, más poder y movilidad social tienen.
  3. Desde el respeto que adquieren socialmente con su reproducción de la construcción de género.  Esto se establece por el cumplimiento de las obligaciones que la construcción de género depara a las mujeres, que son sencillamente el de madres y esposas. Una mujer soltera tiene mucho menos prestigio que una mujer casada, de igual modo tiene menos poder la casada sin hijos que aquella con descendencia y por último la casada está por encima de la divorciada. Las mujeres, en esta sociedad, adquieren la adultez con el matrimonio, de práctica universal en la sociedad árabe. Según G. Laoust-Chantréaux “La soltería constituye […] una situación inaceptable”[3].

La patrilinealidad también implica que tanto hombres como mujeres prefieran tener descendencia masculina, frente a la femenina (se considera que tener una hija es tener muchos gastos económicos e incluso la familia podría correr el peligro de perder todo su honor[4]), por diversas razones ya que ellos pueden: perpetuar el grupo y mantener el nombre de la familia; agrupar los bienes en el interior de la familia ya que hay una desigualdad entre varón y mujer a la hora de la repartición de la herencia; sustituir al padre[5] en su puesto en caso de muerte o enfermedad; resucitar la memoria de la familia; colaborar en el mantenimiento de la economía del grupo; sustentar a las mujeres de la familia en caso de divorcio; y mantener, aumentar e incluso restablecer el honor de la familia.

Ahora hablaremos del matrimonio. En esta sociedad se practica a menudo la endogamia preferencial (llamada también “matrimonio árabe”) que es aquella que establece un matrimonio con la prima paralela o patrilateral, es decir, con la hija del hermano del padre. Este enlace tiene un índice estadístico muy bajo en Marruecos pero es el preferencial y lo normativo entre los árabes. Si una mujer, o su propio padre, quiere casarse con un hombre que no sea su primo[6], este (el padre de la novia) deberá comunicárselo a su hermano y a su sobrino. Este hecho podrá tener diversas soluciones, por un lado puede darse el hecho de que se acepte pero el padre de la novia estará en deuda con ellos (en dinero, especias o incluso con otra de sus hijas) o que se rechace la propuesto, por lo cual no se podrá evitar el matrimonio.

Como podemos ver no es nada fácil elegir marido o mujer, pues porque la mayoría de los matrimonios están socialmente preestablecido, en la elección pueden intervenir los intereses de los padres o incluso prevalecer el derecho del primo.

Hay tribus beréberes como los Aith Waryaghar que conocen este tipo de matrimonio y lo practican, mientras que los beréberes del Atlas Medio Beni Mtir conocen la endogamia preferencial árabe pero la reniegan porque no forman parte de sus costumbres (qaida). Para ellos “los mejores matrimonios eran los de dentro del clan, porque ‘nosotros compartimos las mismas costumbres y hay menos probabilidades de que las mujeres se vayan’. Los clanes que limitan con otras tribus intercambiaban a menudo mujeres con ellos. Pero eso era simplemente en función de la proximidad y de la preferencia personal más que alguna actividad sistemática de constitución de alianzas”[7].

Los Zemmours practicaban también el matrimonio preferencial porque creían que tenía diversas ventajas frente al exogámico, como eran: la protección del patrimonio de los riesgos de división, preservaba el honor de la familia, evitaba el abandono de la mujer de la familia a un celibato, reforzaba la patrilinealidad y legitimaba su poder frente a la familia materna.

La práctica de este matrimonio puede considerarse como una estrategia social y se puede analizar de diversos puntos: para conservar el patrimonio dentro del mismo grupo; por intereses políticos; para la resolución de algún conflicto familiar; para el reforzamiento del grupo numéricamente[8]; para preservar la pureza de sangre y proteger el honor de la familia; para evitar el abandono de una mujer al celibato; o para esconder la deshonra del grupo por la pérdida de la virginidad, embarazo o la violación de la mujer. Esto es más claro entre las familias de jerifes, donde se intentan conservar al máximo una supuesta genealogía que les vincula directamente con la familia del Profeta.

El matrimonio entre árabes y beréber es más habitual de lo que se pueda imaginar, aunque lo mayoritario es que el enlace se haga entre una mujer árabe y un hombre beréber, mientras que al contrario es algo muy raro. Los motivos eran muy diversos, aunque el principal es salvaguardar la pureza de la sangre de los árabes. Ellos planteaban como preferencia perder mujeres del grupo antes que introducir mujeres beréberes a sus linajes. Algo parecido, pero más bien al contrario, es la opinión de los beréberes que incorporan a mujeres árabes a sus grupos porque así aumentan en prestigio pero son reacios a que sus mujeres salgan del grupo por el posible maltrato a las que serán sometidas por parte del varón árabe.

Tratemos ahora de la poliginia, que supone que un hombre se puede casar simultáneamente con más de una mujer, hasta con cuatro distintas en el caso árabe. Esta práctica está extendida entre los árabes pero no entre los beréberes. Los hombres beréberes que la practican lo hacen normalmente cuando están fuera de su comunidad de origen, en las ciudades donde están establecidos después de haber emigrado.

La endogamia preferencial es, según los árabes, la mejor forma de matrimonio. Consiste en la unión de la hija con el hermano del padre. A pesar de esto también existen los matrimonios pactados por los padres. Estos enlaces permiten establecer o ampliar alianzas o incluso se emplea también para reforzar al grupo.

Como conclusión a este tema podemos decir, tal y como nos cuenta S. Altorki, que casi no hay matrimonios de libre elección porque la mayoría de los enlaces son concertados por los padres.

Hablemos ahora del divorcio. Podemos decir que por regla general la mujer que se divorcia abandona la familia a la que se había incorporado para volver a su antiguo hogar familiar. Este retorno depende de varios factores. Uno de ellos es que los padres no se hayan divorciado, en el caso de divorcio de los padres, la mujer será acogida en la casa de la madre (esto nos da una idea de la solidaridad femenina magrebí). Esta situación se hace algo más dramática en caso de un nuevo matrimonio de la madre, pues el marido-padrastro podría rechazarla y desentender su papel con respecto a su hijastra.

En caso de divorcio la tutela[9] de los hijos la ostenta la madre. Este hecho también reconoce la importancia de la mujer en esta sociedad, pues es ella la que se encargará de la futura educación de sus hijos.

Tras haber analizado los aspectos más significativos de la sociedad del Magreb y tras haber estudiado aquellos aspectos en los cuales se pueda ver el papel, en algunos casos un papel fundamental, de la mujer en esta sociedad, podemos decir que hay una gran subordinación de lo femenino frente a lo masculino. Esta subordinación no es “total”, pues en algunos casos se ve claramente un papel importante de la mujer, como en la educación y la custodia de los niños tras un divorcio o el papel que tienen en los enlaces matrimoniales (tanto endogámicos como exogámicos) para establecer alianzas.

David Granado Hermosín


[1] Todas las mujeres de Marruecos comparten una construcción de género basada en el matrimonio y en la maternidad.

[2] Significa solidaridad agnática, vincula a las personas desde un origen común.

[3] Laoust-Chantréaux, Germaine, Kabylie cote femmes. La vie féminin à Ait Hichem 1937-1939. París : Edisud, 1990, p. 203.

[4] También estamos en la obligación de decir que el hombre también puede perder el honor de la familia, aunque en esta situación hay muy pocos casos.

[5] La relación que mantienen entre el padre y el hijo es la base principal de la reproducción y cohesión del grupo.

[6] Aunque el hombre puede ser obligado a casarse con su prima, puede casarse legalmente con otras tres mujeres más. Esta alternativa no la tienen las mujeres.

[7] Vinogradov, Amal R., The  Socio-political Organization of a Bereber “Taraf” Tribe: Pre-protectorate Marocco, en Arabs & Berbers. Londres: Duck-waorth, 1973, p. 74.

[8] En caso de mortalidad o de una fuerte emigración, el matrimonio entre primos es útil para ampliar numéricamente el grupo y así también conservar la pureza de sangre. Cuanto más sean en el grupo, mejor se podrá explotar las tierras.

[9] La mujer tiene la custodia pero la patria potestad la tendrá el hombre.

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Publicado por en 23 diciembre, 2011 en Revolutum

 

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