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Las torrijas: el sentido de la vida

17 Ene

Tras 7 horas de desesperante viaje en autobús, tuvimos que añadir 2 horas más de tren para llegar al Escorial, ya que nos perdimos por las numerosas vías de trenes de Madrid. Mi cometido, al igual que el de mi compañera Esther, era el de asistir a un curso de verano de la Complutense llamado “El pluralismo en la Iglesia Católica”. Los calificativos, tanto del curso como del lugar, eran similares: en una primera instancia eran algo desconocido (¿qué carajo de pluralismo va a haber en la Iglesia Católica? ¿Cómo llegaremos/será el Escorial?), pero, conforme pasaban los días, todo era más familiar, nos “hacíamos al sitio”, es decir, ya sabíamos dónde estaban los supermercados más baratos y la existencia de una diversidad de tendencias dentro de la misma Iglesia Católica como fuera de ella. Estamos contentos de haber asistido al curso, porque ya no tenernos pre-juicios acerca de la Iglesia, sino juicios.

-“Vale, perfecto”- dirán- “pero… ¿Qué tiene que ver en todo esto las torrijas? ¿Por qué decís que son el sentido de la vida? ¿Os han absorbido el cerebro en el dichoso curso? ¿O qué rayos pasa aquí?”- Ahora vamos al quid de la cuestión que planteo. Tranquilo…

Por el curso han pasado figuras como José Bono, José María Setién, el Cardenal Carlos Amigo, la Vicepresidenta de Manos Unidas… En fin, la lista puede ser interminable. Al finalizar la exposición de cada uno de los conferenciantes, se dejan unos minutos para realizarles preguntas, observaciones, críticas… Pues bien, en esos minutos siempre levantaba la mano un chaval almeriense (entre los 19-22 años) miembro de una asociación que persigue constituirse como hermandad, pero que “el cura de su pueblo” no le deja establecerse como tal, ya que “hay muchas” o “sus actos son ilegales” y su pregunta, en esencia, siempre era la misma –“¿qué piensa usted de esto y qué podemos hacer?”-.

La duda de nuestro amigo (a partir de ahora me referiré a él así) no fue aliviada hasta que el Cardenal Amigo le dijo algo así como “las hermandades tardan años en constituirse, hecha una hojeada al registro y verás que hay algunas que han tardado más de 50 años. Es una cosa muy seria, pero aún así veré que puedo hacer”. Desde este momento nuestro amigo fue a lo que vulgarmente se etiqueta como a “comerle el culo”. Esto ocurrió un martes, día que nos encontrábamos bastante cansados, yo (Adrián) no tenía ganas de aguantar a nadie: ni ganas de hablar y mucho menos de mantener una discusión”; sólo quería acabar el almuerzo para irme después a dormir.

Sentados en la mesa, sin apartar la mirada del plato, comíamos. A la izquierda de Esther había dos huecos libres y, a mi derecha uno. Dichos huecos fueron ocupados por el amigo, que hablaba con una mujer mayor, vestida de blanco a juego con un paraguas que lo colocaba en el asiento que iba a ocupar. Nos saludaron, nosotros se lo devolvimos con poca energía. La mujer le decía mientras ocupaba el asiento a nuestro amigo que, si quería comprar un paso para la hermandad tenía que irse por lo ilegal. Hacer sesiones de cine con películas alquiladas o bajadas de internet, venta de dulces…porque si iba por lo legal lo único que podría hacer son tómbolas y con eso no se gana dinero -“lo sabré yo bien”- decía.

Nuestro amigo escuchaba, con una sonrisita en la cara mientras decía -“podríamos pedir un préstamo”- la mujer al oír esto, se llevo las manos a la cabeza –“¡cómo lo hagas, te vas a endeudar toda la vida, chico!-“y otra vez repetía que se fuera por lo ilegal, parecía haber entrado en un bucle. Un hombre ocupó poco tiempo después, el asiento que estaba libre a mi derecha, parecían conocer a los otros dos. Acto seguido, entró en la conversación e intentó unirnos a ella. Nuestra participación era la mínima.

-“Tú lo que tienes que hacer es enseñar el significado litúrgico y simbólico de las torrijas. No te centres solamente en fabricarlas y venderlas, pues torrijas se comen aquí y en la china ¡hasta el Mao Tse-Tung ese come torrijas! Pero a diferencia de ellos, nosotros sabemos cuál es el verdadero sentido que encarna la torrija…y eso es lo que tenéis que hacer ¡no sólo venderlas sino promover los valores que las torrijas encierran!”-

Al escuchar esta frase, no pude evitar levantar la cabeza del plato mientras pensaba “¿¡qué coño!?”. Desde entonces estaba buscando la manera de intervenir para preguntar a la mujer -“¿cuál es el significado litúrgico y simbólico que encarna una torrija?”- y eso hice. Lo siento, la curiosidad me podía, entiéndanlo.

-“Los ingredientes para hacer torrijas son: leche, pan, canela, miel y se comen tras la resurrección de Cristo….”- le corté porque se estaba yendo por las ramas.

-“En pascua hay un vacío en el cosmos debido a que Cristo, nuestro señor, ha subido a los cielos tras su muerte. Durante esa semana, la gente sólo reza, se deja de trabajar con lo que, por ejemplo, los panaderos dejan de hacer pan, por lo que no hay pan para comprar. La gente se priva de comidas lujosas, como son los dulces, estropean la comida…me acuerdo que en mi casa, mi madre, en pascua avinagraba el cocido, como muestra de nuestra pena por la muerte de nuestro salvador, y el día de la resurrección, mí madre cogía el pan que había guardado durante esa semana y hacía torrijas. Pero no te creas que se hacen sólo torrijas, hay muchos más dulces de Pascua como son…los pestiños, las tortas… Todo esto es fantástico y posee una belleza inigualable. Las torrijas, y cuando digo torrijas me refiero a cualquier dulce de pascua, tiene un significado trascendental que no tiene que perderse porque aquí es donde reside el verdadero sentido de la vida”-

-“O sea, el significado que tienen las torrijas es el de alegría por la resurrección de Cristo”- concluí yo.

-“Sí, pero no es sólo eso, encarna unos valores que se están perdiendo por las personas que llenan su espíritu con vicios, y eso no hay que perderlo. Por eso digo que las asociaciones como las de este muchacho tienen que promover el significado simbólico y litúrgico que poseen las torrijas, porque ahí está el verdadero sentido de la vida”- terminado su discurso, nuestro amigo dirigió la mirada hacia nosotros y preguntó con una sonrisa de oreja a oreja-“¿de dónde sois?”-

– “De Sevilla”- contesté. Al decir esto, al chaval se le iluminó la cara de sorpresa y, con el mismo afán con el que un niño abre su regalo de reyes, preguntó- “¡ah! ¿Sí?, ¿y de que hermandad sois?”- Quienes me conocen pueden hacerse una idea de mi cara en ese momento.

-“No soy de ninguna hermandad”- El hombre de mi derecha, con cara de sorpresa dijo “pues tienes cara de pertenecer a una” a lo que añadió nuestro amigo “no, los capillita de Sevilla tienen otra cara” y para terminar la mujer dijo “pues juraría que sí, lo sabré yo bien…”

-“Bueno, venga, voy a ser honesto. Pertenezco a la hermandad de San Gambrinus del Santísimo litraso”-

-¡Hay vicioso!- dijo nuestro amigo con su característica sonrisita. Me tuve que reír… Cuando le preguntó a Esther, ella le comentó que le gustaba una hermandad de Sevilla, aunque no estaba afiliada.

A continuación, discutieron de si se deberían llevar los pasos de Sevilla a Madrid para que el Papa, en su visita a España, realizara el corpus grande. Yo a lo mío, comía sin levantar la cabeza del plato. A ver si terminaba pronto y me iba a acostar. -“Tú no hables tanto”- me dijo nuestro amigo en algún momento de esa discusión mientras me señalaba con el dedo índice. A lo que yo respondí: -“Mi padres me han enseñado que cuando se está comiendo no se habla”-

-“Yo no estoy comiendo”- respondió con esa sonrisita que le daba un aspecto de prepotencia.

-“Yo sí, ya me ves”- seguí masticando mirándolo con el ceño fruncido, estaba muy cabreado. Él calló y miró hacia la mujer. Al rato, el tema de conversación pareció haber cambiado, pues ahora hablaban de que la juventud llena su vacío vital con vicios en vez de con actos espirituales. Esther estaba mirándome, la expresión de su cara decía dos cosas: “estoy harta de estar aquí y voy a cargarme al amigo”. Además, parecía que de un momento a otro iba a explotar de ira.

-“¿Tú tienes fe?”- Me pregunta el amigo sin venir a cuento, como si esa pregunta la tuviese en la cabeza desde que se sentó en la silla y estuviese esperando al momento propicio para realizármela. Yo Señalé mi boca que masticaba un pedazo de carne de pavo bastante seco. El amigo sonreía mientras decía- “Es que ¿tú ves normal que una niña de 14 años se haga una foto en sujetador y la cuelgue en el “tuenti”?”-

-“Quizás anuncie ropa interior femenina”- intervino la mujer y empezó a reírse sola. Esther, inquieta en su sitio, resopló fuertemente, yo a la par dije: -“no te preguntes si es normal o no, pregúntate por qué la niña ha acabado así”. Seguí comiendo. El amigo dijo algo (no recuerdo el qué) y se fue a la mesa de al lado, pues le llamaba la atención que todos los de ellos llevasen cámaras de foto. Una vez satisfecha su curiosidad, volvió a la carga diciendo con un tono triunfante:-“todavía no me has contestado a la pregunta de antes”- sonreía nuestro amigo.

-“¡Ah! ¿Qué quieres que te conteste? Pues dame una definición de fe pa´ saber de que estamos hablando”- El amigo empezó a irse por las ramas con palabras de esas que a uno se le llenan la boca cuando las dice. Palabras que han perdido su sentido o se han vuelto huecas de tanto uso.

-“tú, dame una definición clara de fe, no te vayas por las ramas”- Él, con cara de duda, dijo: -“fe es movimiento, que no es lo mismo que fe católica porque…”- la mujer intervino diciéndole algo, creo que dando su opinión. No le estaba echando cuenta.

-“Adri nos vamos a dormir, ¿no? Que tengo un sueño que me caigo”- Aprovechó Esther el inciso. Nos levantamos y nos fuimos. No sé si nos despedimos.

Hay que respetar las creencias e ideologías de cada uno, evitando el radicalismo que llevan a las personas (como el amigo) a no entender ni respetar las opiniones de otros, su verdad es la única que hay. Aquellos que nos conocen dirán ¿Cómo pudisteis aguantar tanta chorrada cargada de ignorancia? No lo sabemos, pero es curioso oír este tipo de comentarios que nos resultan lejanos, discordantes a esta época. Ya lo ven, “hay gente pa’to”.

Y esta situación que os muestro es sólo un detalle de otros tantos que nos hemos encontrado Esther y yo durante nuestra presencia en el curso de verano del Escorial que, con sumo gusto, os contaremos cuando queráis.

Adrián del Río Rodríguez

Esther Vargas Guridi

También puedes leer este artículo en versión PDF.

 
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Publicado por en 17 enero, 2012 en Revolutum

 

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