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Ser o no ser Julio César

26 Ene

Ahora que la figura de Shakespeare aparece de nuevo en los cines, meced a la película Anonymous, aprovecho para escribir acerca de uno de esos personajes excepcionales que el genial inglés plasmó en sus escritos: Cayo Julio César.

Hacia el año 1600 William Shakespeare completa una de sus obras más famosas: La Tragedia de Julio César. La obra, en la que curiosamente César aparece solamente tres veces (incluida su propia muerte) trajo de vuelta a la fama y a la actualidad al romano más ilustre y universal que el imperio mediterráneo dio al mundo. Prueba de la trascendencia de la obra es que más de dos siglos y medio después, cuando un actor sudista y vengativo de segunda fila mató al presidente Abraham Lincoln, éste se permitió el lujo de declamar tras su fechoría las palabras puestas por Shakespeare en boca de Bruto al asesinar a César: “Sic Semper Tyranni” (Así siempre con los tiranos).

Y lo más curioso del caso es que la obra de Shakespeare, que gira en torno al personaje de Bruto, haciendo de él un noble idealista que se debate entre el honor, el patriotismo y la amistad; y un Julio César tiránico y embriagado por las mieles del liderazgo, no se parece en nada a la realidad de los hechos. Los asesinos de César, Bruto a la cabeza, eran una panda de conspiradores al sueldo de su propio interés que traicionaron la amistad y el perdón de César; pues muchos de ellos habían sido enemigos suyos a los que éste había perdonado la vida en el pasado, tras su guerra civil con Pompeyo. César, por otra parte, distaba mucho de ser un dictador fácilmente asimilable a los cánones que hoy tenemos de tiranía, pues entre las medidas que su muerte dejó inacabadas estaban las concesión de tierras y derechos de ciudadanía a todos los habitantes del Imperio, no sólo a los nacidos en la propia Roma. Además, César era un hombre incansable que entre otras muchas cosas gustaba de escribir prosa (fue el primer corresponsal de guerra de la historia, narrando su propia Guerra de las Galias), poesía e incluso… ¡libros de cocina!

Por ser H de humanidades un foro abierto al homenaje de todos aquellos que aman la literatura y el arte, bien vale la pena restablecer la honra de César en este artículo y aprender un poco más de una figura que cambió el mundo.

Cayo Julio César vino al mundo en el año 101 a.C., una época convulsa para Roma. Aunque el Imperio acababa de derrotar definitivamente a su némesis cartaginesa y se extendía ya por todo el mediterráneo, la situación en la propia Roma era un desastre: siglos de corruptelas políticas habían dejado el gobierno (y lo más importante, el dinero) en manos de senadores avariciosos que no se ocupaban ya del bien común sino sólo del suyo propio, explotando a un pueblo llano que era quién llevaba en sus hombros el peso de las conquistas romanas. En medio de este escenario nos encontramos a un joven César que desea llegar a lo más alto de la carrera política (su ambición siempre fue inmensa), y procedente de una familia noble pero pobre que opta por militar en el llamado partido liberal, el cual, para que nos entendamos, constituía la principal oposición a la facción conservadora corrupta asentada en el poder.

Tenemos una primera gran perspectiva del personaje cuando, finalizando su adolescencia recibe el ultimátum del asesino dictador Sila para que se divorcie de su esposa y se case de nuevo con otra mujer de la conveniencia del tirano. César, que sólo se casó por amor en aquella ocasión (lo estuvo a lo largo de su vida otras dos veces, ambas para sellar alianzas entre familias), dejó al mundo una perla de negativa que ha pasado a la historia y que describe perfectamente su carácter indómito: “En César, sólo manda César”.

Tras sobrevivir a duras penas a Sila, y habiendo experimentado tragedia y esperanza en corto espacio de tiempo (su mujer murió al poco de dar a luz a su única hija, Julia), César se embarca en cuerpo y alma para llegar a lo más alto, al consulado. Por esa misma época, empezó a sufrir continuos problemas de epilepsia, pero nunca dejó que eso le amilanara. Y para ello, fue muy consciente de la necesidad de cultivar cuerpo y mente, dedicando muchas horas  a la semana a la lectura y escritura de libros de todo tipo: prosa histórica, poesía, algo de teatro. Incluso alguna obra cómica y un tratado de cocina. De si éste último le convertía en un gran chef aficionado, poco sabemos.

Pero su obra cumbre es La Guerra de las Galias y llegó después de que César alcanzara el título de cónsul. En ella, narra de manera magistral y llena de épica las campañas que llevó a cabo durante siete años y que dieron como fruto la conquista de la perla del Imperio: La Galia. Quién la haya leído puede pensar que el hecho de que César hable de sí mismo en tercera persona es un claro síntoma de narcisismo, pero nada está más lejos de la realidad. Hay que entender que la obra está pensada para que una persona la leyera en voz alta a la multitud que llenaba los foros, tan pronto como cada capítulo saliera del frente de combate (César dictó la obra mientras avanzaba con sus tropas a caballo), haciendo que todo el auditorio pudiera imaginar cada escena y vivir la pasión de las victorias y penurias del caudillo militar y su ejército. César fue el primer hombre de la Antigüedad consciente del inmenso potencial de la propaganda.

En lo personal, César fue uno de los pocos romanos que trataron con genuino respeto a sus mujeres. Coleccionó muchas amantes, entre ellas las esposas de no pocos de sus rivales políticos, engatusadas por su intensa personalidad y por su trato especial, en un mundo realmente machista. Como general, fue un luchador excepcional y un genio militar de primer orden. Aunque bajo su mando murieron en batalla millones de personas, nunca ordenó ninguna pena de muerte injusta o permitió la venganza sin sentido. En plena guerra civil, el eslogan de Pompeyo era “O estáis conmigo o contra mi”. El de César, mucho más conciliador, decía “Quién no está contra mi, está conmigo”. No es de extrañar que casi todo el pueblo de Roma se le uniera sin dudarlo. Perdonó a casi todos sus adversarios, y en sus últimos tiempos paseaba confiado sin escolta por las calles de Roma. Esto último le costaría la vida. Y cuando aquella fatídica mañana de los idus de Marzo vio avanzar hacia él, armados, a muchas de las personas a las que había perdonado y restaurado sus bienes, incluido su propio hijo adoptivo, exclamó el ya universal “¿Tú también, hijo mío?” y con toda su dignidad se cubrió al modo romano la cara con el púrpura de su capa, y aguardó a la muerte que le habría de convertir en leyenda.

Lo cierto es que me ha costado a lo largo de estas líneas disimular mi profunda admiración por el personaje. El lector se preguntará… ¿Y si era tan avanzado para su época, porqué no se conoce más de esa faceta suya? ¿Y esos libros de poesía y de cocina, dónde están? La respuesta a ambas preguntas está en como su sucesor Augusto manipuló su imagen pública para que se amoldara más a lo que él consideraba un legado digno de un emperador, y más fácil de manejar por el propio Augusto. Incluso destruyó todos los libros no militares escritos por César, porque los consideraba indignos, y hoy día sólo los conocemos por referencias de otros autores contemporáneos. Una pena, porque quizá sin ese legado manipulado, siglos después Shakespeare no hubiera descrito a César y a Bruto de la forma que lo hizo. Y desde luego, una de sus obras cumbres no sería como hoy la conocemos.

La Tragedia de Julio César. Una obra tan excepcional como inexacta. Y es que, al final, la cuestión es… ser o no ser… Julio César.

Martín Díaz Cuesta

Descárgate la versión PDf para leerla en cualquier parte…

 
2 comentarios

Publicado por en 26 enero, 2012 en La última fila, Revolutum, Tintero

 

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2 Respuestas a “Ser o no ser Julio César

  1. Belen

    26 febrero, 2012 at 2:20 pm

    Indudablemente un genio ha escrito esto.

     
  2. bibliotecavirtual123

    10 mayo, 2012 at 4:52 pm

    Julio César es reconocido por ser uno de los más grandes generales de la historia, pero también fue un escritor importante…

    http://www.10millibrosparadescargar.com/blog/cayo-julio-cesar-el-dictador-poeta.html

     

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