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La calidad de vida y el estado de bienestar ¿Complejo histórico o idea occidental?

02 Feb

La gran mayoría de los individuos actuales conoce o cree conocer lo que es la calidad de vida, y por consiguiente el estado de bienestar, ambas ideas unidas por un solo cauce, que supuestamente debería conducir a un mismo fin: la felicidad. Todos hemos oído hablar de temas relacionados, desde una señora mayor a un niño de relativa edad, eso sí cada uno con su propia concepción, porque es claro que el pensamiento difiere por generaciones, y esto es, casi una ley universal. Pero tampoco erraríamos si hablásemos de que esos conceptos han evolucionado mucho a lo largo de la historia, y su día a día a principios del siglo XXI es comentado, debatido y también complejo.

«Sobre el régimen mejor, el que se proponga hacer una investigación adecuada, es necesario que determine primero cuál es la vida más preferible». Así definía Aristóteles en su Política lo que podría ser el estado ideal y la vida que debería corresponderle. Sí, es cierto que estos conceptos son bastante modernos, pero sus significaciones no nacen de la noche a la mañana. En el lenguaje popular, la calidad de vida acoge unas características siempre unidas a la salud, el trabajo y la unidad familiar, y hablando desde la sinceridad, desde hace unas semanas mi ideario esencial sobre estas cuestiones no distaba mucho de esos tres elementos. Unas lecciones magistrales, y poco de atención en nuestro propio territorio urbano pueden enseñarnos que estado de bienestar y calidad de vida, son aspectos mucho más complejos de definir en la sociedad capitalista en la que vivimos cada día.

Para acceder a la sanidad, necesitamos seguridad social, para llegar a nuestro trabajo también necesitamos medios de transporte, y para nuestro propio bienestar en sociedad necesitamos informarnos de la política actual, por lo tanto e inevitablemente necesitamos también medios de comunicación. Pero también necesitamos derechos, como la igualdad o derecho al paro, o simplemente el derecho a la libertad, algo que se ha venido relacionando últimamente con la democracia y su rumbo actual. Calidad de vida ya no es únicamente necesidades primarias, sino secundarias y terciarias. A modo ejemplar, no solo necesitamos productos de consumo alimenticio, sino un comercio cercano y una facilidad para llegar a él.

Los aparatos burocráticos, judiciales y legislativos se han vuelto gigantes y complejos, todo ello es una prueba de que el mismo ser humano actual es muy diferente del que vivía en el mismo territorio hace aproximadamente unos 20 o 30 años. Y todo ello está intrínsecamente relacionado con la cohesión socio-espacial del territorio físico. La no cohesión social o territorial puede romper los esquemas para un estado de bienestar. Vivimos en comunidad, y es cierto que aunque existan rasgos comunes en la calidad de vida, siempre habrá concepciones distintas, porque vivimos en una sociedad con diversidad, pero eso es algo positivo. Sí, vivimos en comunidad, y nuestra vida está interconectada con el territorio. Hemos creado una red, en la que todo está unido y todo es cada vez más complicado, es decir, al modo globalización capitalista, como ya comentaba José Torres.

Calidad de vida, suena a comodidad, y estado de bienestar, a necesario. Pero, ¿porqué es un tarea tan difícil la de poder aunar políticas para una calidad de vida y para la construcción del estado de bienestar? ¿Quizás es utópico? Ya Ignacio Ramonet nos demostró que las utopías son posibles, con el caso de ONU. Si el ser humano, como ya citamos antes, es complejo, y los conceptos también lo son, tenemos pues herramientas para definirlos ¿porqué no lo llevamos a cabo entonces socio-territorialmente? Si tanto hablan los políticos de ese estado y de esa calidad, y es más, hablan constantemente de derechos, yo digo que luchemos por la comodidad que representa la calidad de vida y la necesidad del estado de bienestar. En la vida que actualmente vivimos, los derechos de un estado de bienestar enfocados a la cohesión  social y territorial deberían ser obligatorios ¡Hagámoslos realidad!

                                     Carlos Jiménez Barea

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Publicado por en 2 febrero, 2012 en Parlamento, política y opinión

 

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