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Nauseas y balbuceos televisivos

08 Feb

He de reconocer que cada vez veo menos la televisión, pero las pocas veces que me siento delante de la llamada caja tonta no puedo dejar de pensar en la perplejidad que esta misma me causa. Incluso en mi caso, en el que la televisión me sirve más para despejar la mente que otra cosa, he visto necesario reflejar algunas conclusiones que me han venido a la mente mientras observaba la pantalla. La más increíble de todas es que he comprobado que las gentes que habitan en esa especie de espacio paralelo  llamado “tele”  han perdido completamente la capacidad de expresión, hecho que se extiende cada vez más habitualmente entre la raza humana. Me explico, no se trata de ser catastrofista y decir que ya no sabemos hablar, aunque existen ejemplares claros de este hecho por todos conocidos en este habitual medio de comunicación, sino más bien indicar que el ser humano ha perdido la capacidad de debatir, razonar y dialogar. Los programas del corazón lo demuestran día a día, viéndose uno inmerso en un espectáculo sin igual, en el que el esperpento alcanza su máximo exponente.  El espectador contempla omnipotente un auténtico circo romano, en el que toda clase de fieras saltan a la arena y cuya única función consiste en despedazarse unos a otros utilizando todas las armas posibles, que se resumen básicamente en dos: el insulto y la interrupción. El raciocinio queda aquí a un lado, y las palabras se atropellan unas a otras como si el aparato bucal tuviera la necesidad de expulsarlas todas a la vez.

Y como en todo circo, el espectador contempla en la grada impaciente, esperando a que la sangre cubra la arena y le salpique en el rostro, pues el morbo que suscita este combate de palabras dichas por decir es equiparable al que sentían los romanos al ver a dos fieras despedazarse. Esta claro, somos humanos y nuestro lado más animal parece despertar ante cualquier tipo de violencia, causándonos un sin fin de reacciones que pueden ir desde el desprecio hasta el disfrute. De igual modo, este tipo de programas nos evaden de la realidad, al igual que en el cerco, ver pelear  a otros nos hace olvidar por momentos nuestros propios problemas, pues no hay otro modo de explicar si no que dichos programas alcancen los máximos de audiencia y sean para las cadenas televisivas una gallina de los huevos de oro que se copian unos a otros e intentan explotar de la misma manera.

El mayor problema de todo esto es que los espectadores no somos inmunes ante las situaciones que observamos en televisión. La sangre que salpica en el coliseo apesta, y es un peste que cuesta trabajo quitar. La verborrea mental de los contertulios televisivos del corazón se extiende por nuestra sociedad, y se palpa día a día en los colegios e institutos. La tele, un medio que tiene una gran capacidad de difusión, carece de capacidad educativa. Los programas culturales y que pueden desarrollar habilidades interesantes entre los más jóvenes están renegados en cadenas secundarias y se emiten en horarios nocturnos, como si incitarán directamente a los jóvenes a no verlos. En la sobremesa, los telediarios plagados de errores ortográficos dan prioridad a las noticias más morbosas, con el fin de captar audiencia. El resto de programas se reparten entre concursos televisivos, en los que la mayoría de los españoles demuestra sin ningún tipo de tapujos el escaso conocimiento sobre la cultura general, mientras el discurso pobre de las tertulias de corazón y las novelas reúne a familias enteras delante del televisor. Si, somos un país de burros, y parece ser que nos sentimos orgullosos de ello.

La solución señores no esta en las escuelas, ni quizás tampoco en la propia televisión. La solución se encuentra en las casas. Son los padres, como siempre, los que deben concienciar a sus hijos y hacerlos capaces de discernir entre lo que es “basura” y lo que puede resultar rico para nuestro desarrollo como personas. Como bien dijo un periodista en un programa radifónico, no basta con afirmar que tal programa es una mierda, sino es conveniente mostrar porque opinamos de esa forma, y demostrar que nuestra opinión es acertada visualizando el programa y comentando los puntos que  reafirman nuestra visión. De esta forma no solo creamos puntos de vista, sino también formamos esa capacidad de dialogar que como antes indicaba, y tristemente, cada vez es más escasa.

Diego Gómez Gago,

H (de Humanidades)

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1 comentario

Publicado por en 8 febrero, 2012 en Parlamento, política y opinión

 

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Una respuesta a “Nauseas y balbuceos televisivos

  1. Moisés H

    8 febrero, 2012 at 7:46 pm

    Hacía falta un artículo así! Siempre nos quedará “Saber y ganar”… o lo mismo el gobierno también quiere recortar por ahí y cambiar a Jordi Hurtado por Paquirrín para que resulte más rentable.

     

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