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Elogio del analfabeto

08 Mar

En este artículo de Enzesberger, publicado en el periódico El País el autor realiza un análisis de la situación de la cultura actualmente. Primero nos preocupa por la posible desaparición inminente de la cultura escrita, pero… ¿el hombre siempre ha poseído cultura escrita? No, hemos vivido sin ella, podríamos prescindir de ella. Siguiendo esta reflexión saca a colación el término analfabetismo y su semántica. Tomando como objeto de estudio al analfabeto, uno de los más criticados y denostados individuos dentro de los círculos intelectuales, Hans Magnus tratará de evaluar la evolución de la cultura deteniéndose intencionadamente en nuestros días, no sin antes derrumbar mitos, abrir perspectivas y sorprendernos.

El analfabetismo, es un hecho, se extiende a lo largo y ancho del mundo, uno de cada tres habitantes del planeta son incapaces de leer y escribir ( 850 millones de personas, y la cifra va en aumento). Estos datos nos llevan a pensar que definitivamente somos la minoría, y es que a lo largo de la historia saber leer y escribir ha sido la excepción.

Lo cierto es que esa cultura (¿qué es cultura? Cultura es aquello que queda cuando no queda nada, dicen algunos) que manejamos “los afortunados” es hija de la de esos “analfabetos” (sí, sí, ellos la inventaron) que se maravillaban mirando las constelaciones cuando aún Edison no nos había alumbrado con su bombilla, de esos perspicaces individuos que pensaban un dios todopoderoso se había enojado cuando el cielo tronaba e inventaban leyendas y mitos para dar respuestas a muchas preguntas que aún hoy no han tenido mejor contestación, parece que esos analfabetos no lo eran tanto, pero como dice Enzesberger, no todo en estos seres ágrafos es listeza, también hay que tener en cuenta su obcecación y sus límites.

Duramente, el analfabeto ha sido menospreciado, pues se le pensaba atrapado en su propia cárcel, la Ilustración (que no fue sólo positiva) así lo pregonaba, la cultura nos hace libres, y así es, nos hace libres cuando llegamos a ella porque podemos y queremos, no con el fin último de convertirnos en siervos de una sociedad que nos necesita preparados en un campo determinado, limitados a un ámbito especializado y para ello nos instruye.

La cultura puede llegar a ser incluso un instrumento vil, en viles manos, numerosos estudios al hilo de la Ilustración, en la época del colonialismo y la exaltación de los nacionalismos trataron de demostrar la incapacidad de desarrollo de aquellos países sin acceso generalizado a la cultura, y se hacían descripciones, cuanto menos racistas y misóginas.

La formación es una llave no una cadena, no debe atarnos a un sistema capitalista que busca productos y no personas librepensadoras. A veces uno preferiría ser analfabeto y tener la certeza de que ese bagaje cultural que se tiene no ha sido predispuesto por el estado y sus maquinaciones, al contrario, esos conocimientos nos pertenecerían de manera totalmente arbitraria, natural y su meta sería hacernos más humanos, no más mecánicos.

Habrá que empezar a replantearse los conceptos de alfabetización como la absoluta luz y el término de analfabetismo como la más profunda tiniebla.

Por contradictorio que nos pueda parecer el término analfabeto es relativamente reciente, aparecerá a finales del siglo XIX en Inglaterra y rápidamente se propagará la idea y el concepto por toda Europa.

Hans Magnus distingue entre dos tipos de analfabetos, aquel que sin poder leer y escribir posee una cultura propia que maneja con tenacidad y aquel analfabeto que sabe leer y escribir pero que ha perdido toda capacidad de razonamiento, habría que plantearse si existen (pienso, luego existo).

Este último puede ser llamado también analfabeto secundario, un ente absorbido por la televisión, programado para el consumismo (tarea en la que la caja tonta le presta su ayuda) estamos ante un nuevo individuo hijo de la postmodernidad, con capacidad para leer y escribir pero sin capacidad para pensar, es este individuo culto, el que está matando a la cultura y el que está matando a la Literatura, ese ciudadano que desconoce la capacidad de su cerebro para imaginar y crear, y pierde las horas sin descubrirse a sí mismo, pareciera que el avance y la cultura generalizada tan alabado en la industrialización, en la ilustración y en los -ismos, provocara en última instancia incultura, y es así.

Suerte que aún queden analfabetos que en su ir y venir, olviden las letras y las grafías, pero nunca olviden las historias y leyendas que aprendieron de otra boca, gracias a estos analfabetos, la cultura tendrá un reducto, un edén, una semilla desde la que resurgir y reinventarse (del mismo vientre del que nació aquella primera vez) en caso de que los otros, los analfabetos secundarios acaben por extender su estulticia.

Miriam Sivianes Mendía,

H de Humanidades

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4 comentarios

Publicado por en 8 marzo, 2012 en Parlamento, política y opinión, Revolutum

 

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4 Respuestas a “Elogio del analfabeto

  1. Carlos

    10 marzo, 2012 at 3:48 am

    Genial. Me ha encantado tanto la idea de este hombre, como el concepto que has desarrollado tú. Bravo

     
    • Miriam Sivianes

      11 marzo, 2012 at 1:48 am

      Esa es la intención, de una idea sacar más ideas y reflexionar, seguro que a ti se te han ocurrido mil cosas más tras leer esto, mil cosas en las que no nos hemos parado a pensar.

       
  2. G.

    22 marzo, 2012 at 3:52 pm

     
  3. Miriam Sivianes

    25 marzo, 2012 at 6:03 pm

    Obviamente era necesario, gracias.

     

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