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Tal y como dijo Arturo Fernández

27 Abr

Pienso que incluso en un autobús pueden darse situaciones de todo tipo. No sé…, podría dar lugar al comienzo de una bonita amistad o, quizás, ser escenario de una batalla.

Pero yo no voy a relatar nada de eso, ¡qué va!; prefiero describir un fenómeno que pasa desapercibido cuando estamos a la espera de que el autobús llegue a su destino. Esto es, el miedo inconsciente a que nos pillen observando el espacio del otro ¿No le ha ocurrido alguna vez que se queda mirando a alguien y, cuando se siente descubierto, dirige la mirada rápidamente hacia otro punto? 

En el autobús convergen una gran cantidad de personas diferentes que se entretienen de distintas formas para hacer más llevadero el trayecto. Pero todos tienen en común que acaban mirando cualquier cosa mientras no sea una persona. Algunos miran por la ventana el paisaje que ésta deja ver y otros se parapetan en su libro o teléfono móvil. Yo no sé usted, pero prefiero antes leerme el cártel de medidas de seguridad del autobús a que “la belleza hecha carne” me descubra admirándola, como si de una obra de arte se tratara.

Es curioso porque debido a ese miedo, nos hemos privado de conocer a personas que podrían llegar a ser nuestra pareja, o nos hemos librado de meternos en un buen lío. ¿Cree que exagero?

Un día, en Tomares, una chica anglosajona me preguntó dónde se cogía el autobús que iba a Sevilla, y yo, cortésmente, le indiqué dónde podría hacerlo. Más tarde fui a Sevilla a pasar el rato con unos amigos de allí.

Sobre las doce de la noche cogí el autobús de vuelta para mi casa. Me senté en uno de esos asientos junto a la ventana que le das la espalda al conductor y te permite ver el resto del autobús. Cuando iba echar  mano del libro que llevaba conmigo, me percaté de que el acompañante que tenía frente a mí era la chica anglosajona, quien me miro y me dedicó una agradable sonrisa. Un tímido “hi!” pronuncié y me adentré en la lectura, siendo su mano despidiéndose de mí antes de bajar en su parada, lo último que recuerdo de ella.

Si aún no cree en este fenómeno que describo, le reto a que observe a un mismo pasajero y se dará cuenta de que cuando estamos frente a un extraño, no somos capaces de observarnos durante más de dos segundos. Parece ser que si dos personas cruzan miradas más de cinco segundos seguidos van a batirse en duelo o van a besarse apasionadamente, tal y como dijo el actor Arturo Fernández en una entrevista a manos de Jesús Quintero.

Adrián del Río Rodríguez

Descárgate el PDF.

 
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Publicado por en 27 abril, 2012 en Revolutum, Tintero

 

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