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Un papel real

20 Sep

El escándalo protagonizado hace escasas semanas por el rey Juan Carlos I ha traspasado fronteras y ha hecho que muchos españoles se sintieran “avergonzados de su país”.  Es cierto que Juan Carlos ha hecho un trabajo decente durante todos estos años como representante de la nación y que la mayoría de los españoles consideran que tienen una “deuda” con Su Majestad  porque fomentó la transición a la democracia. Pero las imágenes transmitidas al exterior el otro día no fueron precisamente gratas. La imagen, que ha sido puesta en el punto de mira de los organismos ecologistas, de un rey cazando elefantes representa algo más que el simple hecho de matar animales en peligro de extinción (aunque Botsuana sea uno de los pocos países africanos que cuenta con mayor número de ejemplares de la especie): trasmite, además, descuido, imprudencia, ignorancia y falta de responsabilidad. No atribuyo todos estos rasgos directamente a Su Majestad, eso se lo dejo a ustedes. Lo que sucede es que muchos extranjeros opinan que si el representante de una nación, en época de crisis, decide irse a cazar una especie en peligro de extinción a un país africano mientras en su país hay un 25% de paro (que se dice pronto), este hecho no da precisamente buena imagen. Y qué quieren que les diga, en eso estoy de acuerdo. El monarca aseguraba hace varias semanas en una conferencia que “el paro le quitaba el sueño”, mientras en la misma daba cabezadas. Entiendo que el rey esté mayor, pero quizás a la casa real se le ha olvidado que su papel es representar, y la imagen que viene dando en los últimos tiempos no es la que muchos españoles desean.

Con el caso de corrupción de Undargarín, el disparo de Froilán y la caza en Botsuana, la monarquía no vive sus mejores tiempos en España.  Muchos creen que la república está cada vez más cerca, y alzan la bandera tricolor como si ya hubieran conseguido una victoria. Sin embargo, he de decir que a menudo la gente tiene una opinión utópica de lo que es una república. No me malinterpreten, no estoy a favor de la monarquía, pero no sé hasta qué punto la república nos supondría una solución mejor. Mantener a la familia real nos costaría exactamente lo mismo que mantener a una familia presidencial. Cada forma de estado tiene sus ventajas e inconvenientes, ya que el costo monetario viene a ser el mismo. Mientras que en una monarquía no se puede elegir al jefe de estado de la nación, en una república sí. Pero por este mismo motivo el presidente de la república es de un partido y tiene opinión, mientras que un rey debe mostrarse en todo momento imparcial. Durante estos años he estado pensando cuál de los dos sistemas me convence más y he de decir que he llegado a la conclusión de que no pondría la mano en el fuego por ninguno; a mi criterio, sería más conveniente que el jefe del gobierno asumiera parte de las funciones, y para la representación del país en el exterior ya contamos con un Ministerio de Asuntos Exteriores.  Pero de nuevo, esta solución sigue siendo utópica. En definitiva, yo no sé qué sistema podría ser un buen sustituto de la monarquía; lo que sí sé es que si esta quiere seguir funcionando dentro de nuestra democracia debe hacer examen de conciencia.

Diego Gómez Gago

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Publicado por en 20 septiembre, 2012 en Parlamento, política y opinión

 

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