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El principio y el fin

17 Oct

Aquí os traemos la segunda entrega de los Cuentos del Hamma, de Carlos Domínguez.

Hoy voy a contaros la historia que relata la formación de este mundo en el que vivimos. El mundo, sí, tuvo un principio, y como todo aquello que alguna vez comenzó, también tendrá un final algún día. Pero nuestro mundo no es tan simple como eso. Resulta inconcebible que nuestro mundo sea simplemente una sucesión de cosas, como aquél que canta una canción con principio y fin; no. Nuestro mundo no es sola y simplemente un principio y un fin, y vosotros mismos podéis daros cuenta de ello.

¿No os ocurre que, mientras dormís y al sumergiros en profundos sueños, descubrís al otro lado de la somnolencia un mundo de maravillas y de fantásticas realidades? ¿No os encontráis muchas veces que miráis al horizonte, como si alguna vez hubierais estado allí, aunque nunca os hayáis movido muchos kilómetros más allá de vuestras aldeas? En el mundo de los sueños cruzáis los horizontes y os introducís directamente en el mundo de la comprensión, en el mundo en el que todo brilla como una luz intermitente que nos lleva a todos los caminos del universo.

¿No sentís en vosotros mismos el brillo del amanecer, que al despertaros con su magnánima luz, os transporta hacia donde estuvisteis la noche anterior? ¿No viajáis acaso cuando soñáis? ¿No sentís en vosotros mismos latir la inercia que mueve al mundo y que está presente en todos los animales, plantas y rocas de esta Tierra? ¿No veis que os alimentáis de plantas, que se nutren de tierra, y que por tanto sois tierra de esta Tierra? ¿No habéis visto que el mismo aire que respiráis es el que respiran los animales, que todos nosotros estamos llenos del mismo aire que lo lleva todo, que transporta el viento, que las plantas retienen, que se lleva el agua de un lado a otro y levanta la vida allá donde no existía? Todo lo que veis a vuestro alrededor está, pues, conectado. No hay ni un sólo pedazo ínfimo de este mundo que no forme parte del mismo todo que veis con claridad mientras soñáis. La gran maravilla de este mundo es la tremenda cantidad de cosas que podéis sentir si dejáis de mirar más allá de las imágenes que formáis en vuestras mentes y con las que os obsesionáis. Cuando miramos con los ojos del corazón, que es nuestro más preciado bien, observamos en el mundo cómo fluye la materia de la que están compuestas todas las cosas, cómo el sagrado espíritu que le insufla vida y que en ella está disuelto viene de aquí para allá, nutriendo a la planta, dando de mamar al bebé, moviendo las dunas del inmenso desierto.

¿No sentís, cuando cerráis los ojos, cuando os habéis abstraído de todo pensamiento propio y habéis recibido este espíritu y materia del mundo, una larga y profunda respiración? Yo os diré de dónde viene. Es del Poeta. La respiración procede del Creador de este mundo. ¿Y por qué respira así?, preguntaréis muchos. Porque él mismo es el que insufla vida a este mundo que está conectado. Todo está conectado porque todo pertenece a este sueño. Pues esta vida, como aquella que observamos nosotros mientras dormimos profunda y plácidamente, es un sueño, y el Soñador es el maestro que imagina en su cabeza este mundo.

Nadie sabe cómo empezó todo. Los Viejos Pretéritos, aquellos que transmitieron sus memorias a sus jóvenes y éstos a los siguientes jóvenes cuando eran viejos y así sucesivamente durante miles de generaciones hasta que yo las escuché, cuentan que de alguna forma el mundo antes de nosotros no tenía ni tan siquiera luz, y las pocas formas de vida que por él correteaban lo hacían a ciegas y sin saber nada de sí mismas ni de lo que había a su alrededor. Y de repente, en el horizonte más lejano donde la tierra besa al cielo y lo abraza en infinito esplendor, allí se produjo un estallido y se hizo la luz, una luz que marcó el inicio del sueño profundo y que al extenderse por todo el mundo reveló un paraíso de maravillas inimaginables conviviendo en un caos de tierra y agua y aire.

Poco a poco todos los elementos se separaron, todo empezó a ocupar su lugar, pero en ningún momento cesó el Gran Flujo. Pues cuando todo empezó a separarse y los millones de formas de vida de este mundo se levantaron de la tierra el Flujo ya hacía tiempo que existía y predispuso todo de forma que aconteciera como debía ser. El Flujo no ha cesado desde entonces, y nunca cesará, hijos míos, pues todos vosotros sabéis que el Flujo es constante y eterno. El Flujo hace que las plantas se levanten de la tierra y que los animales se alimenten de ellas, y que con el alimento de las plantas y de la tierra los animales crezcan y se hagan fuertes y nosotros podamos alimentarnos de ellos. El Flujo nunca se detiene; siempre avanza, siempre hace crecer, siempre insufla vida en todos nosotros. Podéis ver el Flujo levantarse en corrientes de aire en las tormentas de arena, llevando los minerales de un lado a otro del desierto para que las plantas de un lado y otro puedan crecer; podéis ver el Flujo en la forma de un millón de flores que se abren con el sol del amanecer, sonrientes y divertidas porque en ellas se almacena el rocío de la mañana. Podéis ver el Flujo procrear en las manadas de búfalos que al beber agua secan los abrevaderos que luego las nubes que el viento del sur trae se encargan de rellenar; el Flujo está presente hasta cuando meditáis y os emocionáis, cuando os enamoráis y sentís en vosotros el calor de la nueva vida, cuando la familia os acoge con los brazos abiertos e incluso cuando os enfadáis con ella para volver a amarlos con más fuerza que nunca. Ahí está, efectivamente, el Flujo en acción.

Pero no es una acción activa, sino más bien una acción pasiva. El Flujo es el Alimento del mundo, el Espíritu que mueve la materia, y que procede de la respiración profunda y acompasada del Gran Soñador. Así como en los sueños las imágenes se enlazan unas con otras, así de la misma forma el Gran Soñador no actúa sobre este mundo sino que permite que las imágenes en su mente aparezcan y fluyan, y de esta forma el devenir de las eras viene también caracterizado por el Flujo; de esta forma el Eterno Movimiento, pasivo y sin intencionalidad, pero que colma de vida los millones de casas y nichos de este mundo, se cuela por las rendijas entre las rocas y canta como en una gran sonata cuando silba por las hendiduras, cuando llega a vuestros oídos y los acaricia con fervor; el Flujo sigue ahí cuando los animales os persiguen, conscientes de su propio ser y su naturaleza, y os acompaña cuando dormís. Incluso cuando soñáis, cuando vuestro Flujo interno se desata y de forma pasiva hace acompasar todos vuestros sueños, el Flujo eterno y universal también actúa permitiendo que vuestros sueños puedan permitiros daros cuenta de dónde estáis.

Pero quiero recordaros, hijos míos, que sois tanto hijos míos como de esta Tierra así como soy yo también hijo de ella, que todo cuanto veis tiene un principio y un final, por más que este final se transforme eternamente en otro principio. Todos salimos de esta Tierra y a ella volvemos cuando ya nuestro tiempo ha pasado, de la misma forma que al soñar vuestras imágenes se superponen en la cabeza unas a otras. Las gentes del pasado han de dejar pasar a la gente del presente y enseñarles a apartarse con respeto cuando pase la gente del mañana. Pero como en un gran sueño de estrellas y vidas nuestra existencia vuelve al Gran Soñador cuando nos vamos de aquí. El Soñador está atento, repasa sus sueños, deja fluir el cosmos y los acontecimientos que en él se desarrollan, y cuando esté preparado para despertarse, tened por seguro que recordará todos aquellos sueños plácidos que ha tenido a lo largo de su descanso. Si para él habéis sido un sueño dulce y bello moldeará a alguien en el otro mundo a vuestra imagen y semejanza, y renaceréis en gloriosas formas de vida. Si por el contrario habéis representado para él un trago amargo, no deseará sino seguir con el trabajo que tan buenas sensaciones le ha dado. Durante eones sólo existiréis como recuerdos que se alimenten de la esperanza de seguir viviendo un día más, contemplando las soberbias formas que ante vosotros se desplegarán.

Pero no olvidéis que el Soñador-Creador ha de descansar después de su trabajo. Y entonces volverá a soñar con todos nosotros y volveremos a empezar en esta vida que también es la otra, y todos nosotros tendremos una nueva oportunidad para deleitarle con nuestra existencia y para vivir de verdad en este mundo glorioso y siempre cambiante.

Ahora soñad, hijos míos, soñad, y que el Flujo interno os guíe en vuestras vidas.

Carlos Domínguez.

Si os ha gustado tanto como la primera parte, ya podéis descargároslo en PDF: Cuentos del Hamma II.

 
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Publicado por en 17 octubre, 2012 en Tintero

 

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