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El artista y la modelo

24 Oct

Camille Claudel

Muchos conocerán la historia de Auguste Rodin, y otros (menos) la de Camille Claudel. Lo que no saben, ni esos muchos ni esos pocos, es que no se reduce a una historia de amor y locura; es más, aún siéndolo el amor todo, es esta una historia de construcción y destrucción, de victorias y derrotas, de retroalimentación de dos manos que esculpían al compás y a destiempo. Camille no debería estar a la sombra de Rodin nunca más: Rodin es su igual.

Ahora que está de actualidad, es recalcable el hecho de que no hay obra ni artista sin musa o muso (¿por qué no?): que le pregunten al Frenhofer de Balzac por esa Catherine Lescault que le hizo delirar y pintar maravillosamente. Y no hace falta ir tan lejos: todos recordaremos a Zenobia, la eterna compañera de Juan Ramón Jiménez; y si queréis refrescaros la memoria sobre este tema, id al cine, que aunque esté un poco más caro sigue siendo el séptimo arte. Allí, la última obra de Trueba os ilustrará mejor que yo sobre ese hálito que necesita el artista y que sólo la inspiración y las musas pueden darle.

El primer encuentro entre Claudel y Rodin se produce en 1883, y al año siguiente ésta ya comenzará a trabajar en su taller. Camille posará para él y colaborará en la consecución de sus encargos, continuando paralelamente con su labor escultórica. Muchos afirman que su obra es muy similar a la de Rodin, y es cierto, pero tiene su toque personal; la escultura de Claudel es mucho más dulce y estable, y al fin y al cabo incluso Rodin se alimenta de esta dulzura: basta con mirar El beso y contrastarlo con su Balzac. Uno de los críticos de la época consideró a nuestra joven Camille un genio, y llevaba toda la razón; hasta entonces pocas mujeres se habían atrevido a vivir de su talento creativo y ella, cincel en mano, se hizo un hueco en el panorama artístico del París del siglo XIX y posteriormente del panorama internacional. El éxito de Claudel, un poco atenuado por la sombra de Rodin, no se debe en absoluto a su maestro sino a sus condiciones innatas. Desde pequeña esculpía por placer y deseo, tenía un don.

Con Rodin mantendrá una relación de amante debido a su condición de casado, pero Claudel se convertirá en su verdadera compañera, pues pasarán la mayor parte del tiempo juntos. Camille se convertirá en la modelo y musa de Rodin, inspirando obras como Danaïde o Fugit Amor, de carácter mucho más suave y clásico. La relación entre Claudel y Rodin es complicada, conflictiva y con continuos lapsos y crisis. El hermano de Camille, el escritor Paul Claudel, mirará con recelo la relación de su hermana en un intento paternalista de protegerla y la advertirá en múltiples ocasiones. Rodin erigirá un taller para Camille a las afueras de París y allí pasarán la mayor parte del tiempo; Camille dejará entonces su pequeño taller y la casa familiar para consagrarse a la tarea creativa y a Rodin. Juntos frecuentarán los ambientes artísticos y culturales más importantes del París de la época y convivirán durante largos períodos. Pero Rodin, unido sentimentalmente a Rose Beuret, nunca se mostrará dispuesto a abandonarla por Claudel y poco a poco esta decepción irá calando en la escultora que, centrada en ese sentimiento de frustración, realizará el conjunto escultórico de la Edad Madura, en la que una Camille suplicante está arrodillada frente a un hipotético Rodin conducido por una alada Beuret.

Ante esta situación,  Camille y Rodin dan término a su relación y ella se irá a vivir con su hermano Paul. En la vida de la escultora entrará entonces Claude Debussy, amigo de su hermano y también unido a otra mujer. Las obras de Camille irán alcanzando cierto éxito y sus menciones en las revistas de arte irán en aumento; no obstante Camille, atravesará un período de crisis emocional que hará que se encierre en su nuevo taller y se aleje del mundo, y en 1905 realizará su última exposición. Camille Claudel perderá la razón y será internada en un centro psiquiátrico, y pasará sus últimos años de “libertad” esculpiendo y destrozando bustos de niños (la razón de este cato radica en que Rodin la obligó a abortar en dos ocasiones), llegando también a destruir gran parte del arsenal de su taller.

Camille Claudel, genio y locura.

Miriam Sivianes Mendía,

H de humanidades.

El artista y la modelo (PDF)

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2 comentarios

Publicado por en 24 octubre, 2012 en (H)arte

 

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2 Respuestas a “El artista y la modelo

  1. Moi H

    25 octubre, 2012 at 9:59 pm

    No digan eso de que “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”, porque la magnífica Camille Claudel no tiene por qué estar detrás de nadie. Buen artículo.

     
  2. Ángeles

    26 octubre, 2012 at 10:19 am

    ¡Qué cierto, Moi!

     

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