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El ateísmo

26 Dic

ateo

El ateísmo parece haberse convertido en el nuevo catolicismo del siglo XXI. No, no soy católico, y tampoco soy ateo, y es por eso que considero que mi punto de vista es, si cabe, “mucho más racional”, porque cuando las cosas se ven desde fuera, uno es más objetivo.  Pero, ¿qué significa ser ateo?

La palabra ateo, proviene del griego, y designa a una persona que ha sido “abandonada por los dioses”. Para los griegos, un ateo era una persona que no creía en las divinidades, y por lo tanto, a la que los dioses no concedían favores.  En el caso de los romanos, la palabra “ateo” designaba a cualquier persona que no creyera en el panteón romano, o sea, que para los romanos,  los cristianos eran “ateos”.  En la actualidad, como bien todos sabemos, un ateo es cualquier persona que no cree en ninguna deidad, es decir, que rechaza el teísmo en todas sus vertientes.

A menudo, y de forma, se mezcla el término con el del agnosticismo, hasta el punto de que muchos ateos ligan ambas posturas sin saber muy bien a lo que hacen referencia. Mientras que en el ateísmo la persona niega la existencia de cualquier dios, los agnósticos consideran poco creíbles cualquier tipo de manifestación metafísica o divina, lo cual, desde mi punto de vista, no quiere decir que nieguen la existencia de las mismas.

Una vez aclarado el término, puedo proseguir  explicando mi reflexión. Al igual que el  cristianismo fue un fenómeno relativamente novedoso que se expandió con facilidad en su época, transmitiendo un mensaje simple de entender para la mayoría de la sociedad. El ateísmo transmite también un mensaje “simple” que cala en la sociedad actual. “No hay dioses, el ser humano es libre”, el carácter de esta afirmación se parece (y mucho) a esa abolición del inmenso panteón que tenían la mayoría de las religiones de aquella lejana época en la que el cristianismo  promulgaba la creencia de un solo dios siguiendo la doctrina del judaísmo.

Durante toda su historia, el ser humano ha estado más o menos sometido a la existencia de seres divinos. Con su total ausencia, el concepto de libertad llega a su máximo, un concepto que resulta fundamental en nuestra era.

El problema radica, bajo mi punto de vista, en que los ateos se niegan a aceptar que sus pensamientos se abarcan dentro de una creencia, una religión.  La creencia en nada, es después de todo, la creencia en algo. Y algunos  ateos se comportan exactamente igual que cualquier persona con profundos sentimientos religiosos.

Muchos ateos niegan cualquier  creencia que no sea la suya propia, con el fácil argumento de “ es que eso es mentira”,  seguido de un “ pues hasta la persona más simple se daría cuenta de la tomadura de pelo que es “. ¿No os parece en cierto sentido un comportamiento fanático?

Después de todo,  la religión, al igual que la sexualidad,  es  un tema realmente profundo. Cada uno debemos ser libres de nuestras decisiones al respecto, y respetar las creencias de los demás. Después de todo, creer es cuestión de fe, y no de razón.  Y créanme, todos creemos en algo, incluso los que no creen en nada.

Diego Gómez,

H de Humanidades

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Publicado por en 26 diciembre, 2012 en Parlamento, política y opinión

 

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