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Maldita Hécuba

28 Ago

Print¿Te gusta el teatro clásico? Tal vez hayas tenido la oportunidad (o suerte) de asistir al festival de Mérida, como nuestra amiga María, que nos trae hoy su reseña de Hécuba de Eurípides, protagonizada por Concha Velasco. Si no, siempre nos quedará barrer para casa: la semana pasada comenzó el festival de teatro italicense, que cuenta con títulos de lo más curioso. H, al menos, no se lo va a perder.

Mientras tanto, toca decir que H de Humanidades se va a tomar un pequeño respiro, y que volverá al blog con el nuevo curso (para el que, para bien o para mal, ya va quedando poquito). Continuaremos sin embargo con nuestra actividad habitual en Facebook, donde además haremos un repaso de artículos antiguos y así os preparamos para una sorpresita que ya está casi lista. ¿Por qué no nos contáis cuál es vuestro favorito? También nos podéis seguir en Twitter, donde a nuestros compañeros se les está empezando a salir de madre la cosa. ¡No te lo pierdas y vuélvete loco con nosotros!

Sin más, os dejamos con Maldita Hécuba:

No hacía falta que se abriera el telón para que comenzara la obra. No en aquel teatro. Tan sólo unas luces rosas y azules en el frons scaenae y algún que otro foco amarillento para el escenario anunciaban el comienzo de la tragedia de Eurípides en el teatro romano de Mérida. Qué mejor lugar para ver teatro clásico que aquel en el que nos encontrábamos.

El juego de luces terminaba con la primera aparición del coro, formado por un grupo de jóvenes troyanas que lloraban la trágica caída de Troya, así como el aciago destino de las mujeres supervivientes, que partirían en las naves aqueas como esclavas. Un coro que recitaba los versos de Eurípides en forma de canto, sin música, todas en un mismo tono, aunque siempre sobresalía la voz del corifeo con un tono más alto y melódico que el resto. Primer nudo en el estómago para nosotros, los espectadores, puesto que más que una canción se trataba de un llanto ahogado de desesperación y desconsuelo: y esto era solo el inicio.

Una vez terminada la actuación del coro, se pudo apreciar con más claridad la escena en la que se situaba esta tragedia: todo el escenario estaba cubierto de arena y de varias pilas de cadáveres quemados. Casi en el centro, una especie de tienda de campaña, de la que salió Hécuba, esposa del difunto Príamo (y personaje principal que da nombre a la obra).

El dolor de una mujer que ha sido reina y que lo ha perdido todo, incluido la mayoría de sus hijos, se muestra en el temblor de la voz de Hécuba, en sus pasos lentos y pesados, en sus palabras cargadas de rabia pero al mismo tiempo de resignación y, en definitiva, en su cuerpo marchito por la edad y marcado por la tragedia en la que se ha visto envuelta al final de su vida. O tal vez no tan al final.

Pero siempre queda esperanza: la sed de venganza, motor que impulsa toda la representación. Hécuba aún tiene un hijo vivo, el más joven, que fue enviado por Príamo a casa de Poliméstor para que cuidara de él, y que sería el que en un futuro vengaría a su dinastía y recuperaría su antigua patria, Troya.

Sin embargo, todas sus ilusiones se ven truncadas desde el comienzo: el alma vagabunda de su hijo se le presenta una noche, anunciándole que ha sido asesinado por aquel que juró protegerlo y cuidarlo, Poliméstor. Y no es la única muerte con la que ha de lidiar: Ulises aparece al poco rato con malas noticias: el difunto Aquiles se les ha aparecido, pidiéndoles el sacrificio de la mujer más bella de Troya, siendo Políxena la elegida (hija también de Hécuba).

Si hay que escoger el momento más desgarrador, más oscuro y a la vez más funesto de toda la obra, es este sin lugar a dudas: al llanto de Políxena se le une el suplicio y el pesar de su madre, que no solo siente impotencia al ver que nada puede ya evitar el desdichado destino de su hija y de su linaje, sino que ha sido maldecida por los dioses al no hallar la muerte, salvación de todas sus desgracias.

Fotogragía de Gloria Jurado Andrades (H)

Fotografía de Gloria Jurado Andrades (H)

La actuación de Políxena, acompañada por el llanto del coro, dejó sin respiración a todo el público durante todo el acto. Valerosa ante la muerte pero asustada, feliz de poner fin a sus días pero afligida al tener que despedirse de su madre, y orgullosa al no tener que partir como esclava a una región extranjera pero consciente de la deshonra en la que ha caído su patria y su familia.

El siguiente acto desata la locura de la protagonista, que comienza a vivir en las sombras, como un alma errante, perdida, que deambula por la playa como si hubiera ya exhalado su último aliento de vida. Agamenón, que no estaba de acuerdo con el sacrificio de Políxena, le ofrece hacer cualquier cosa por ella. La reina de Troya solo tiene un nombre en su cabeza cuyo odio se recrudece día a día: Poliméstor. La sed de venganza de Hécuba llega casi al punto de ser una enfermedad para ella. Agamenón no puede ayudarla en su terrible empresa, pero no le impide que la lleve a cabo.

El coro vuelve a oscurecer su canto porque las troyanas planean junto a su señora un castigo para el asesino de Polidoro, ya que ningún otro vendrá a ayudarles. El acto final, el acto en el que al fin Hécuba consigue lo que se propone, no deja satisfecho a nadie, ni siquiera a quienes han buscado el dolor en Poliméstor, al cual las mujeres troyanas dejan ciego, arrancándole los ojos, y dan muerte a su único hijo y heredero.

¿Qué le queda, pues, a un corazón ennegrecido por una guerra y por los sentimientos de pérdida y desconsuelo? ¿Qué le queda a una mujer de longeva edad que ha vivido demasiado entre el pesar y el calvario? Volverse más sombría, más lóbrega y más inhumana. No es la venganza la solución a todo lo sufrido, no es dar muerte al traidor lo que hará revivir a sus hijos y desenterrar su hogar del polvo y la ceniza. Y qué tarde se dio cuenta de que la única tragedia que vive es la de estar viva: Es perdonable renunciar a la vida cuando se es presa de males que no pueden soportarse” (Hécuba, Eurípides, vv. 1107-1108).

María PR

Maldita Hécuba (PDF)

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1 comentario

Publicado por en 28 agosto, 2013 en Agenda y noticias, La última fila

 

Etiquetas:

Una respuesta a “Maldita Hécuba

  1. Marta Cuevas

    29 agosto, 2013 at 1:00 pm

    La verdad es que la disfruté sin duda; en Mérida nada defrauda porque ese teatro romano no es humano, es divino. Además este año, con la novelería de Furor Bacchicus 😉 he vivido mucho más intensamente las cuatro obras que hemos ido a ver mis padres y yo. Pero me pareció que Concha Velasco, aunque muy digna en su interpretación porque es una gran actriz, no se acababa de creer del todo el personaje: necesitaba más desgarro, más dramatismo, esa Hécuba…

     

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