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La Mierdavisión y el buen cine

07 Oct

Las nuevas generaciones nacen con iPhones debajo del brazo y son amamantados por la gran teta de internet y las nuevas tecnologías, siempre en constante cambio. Yo, sin embargo, pertenezco a una generación que fue criada y educada por la tele, esa caja voraginosa de luz, color, ruido y furia, ese invento que me fascinaba y del que ahora reniego.

Recuerdo ahora una imagen que retuve del ¿Qué apostamos?, uno de esos shows clasificados como “programas para toda la familia”, calificativo que ahora me parece sospechosamente derechista, o a lo mejor es que soy muy mal pensado. La imagen que recuerdo es la de uno de los concursantes que tenía la asombrosa habilidad de reconocer todas las marcas de papel higiénico sólo por el tacto. Al tipo le vendaban los ojos con unas gafas estúpidas y, con sólo tocarlo un poco, adivinaba en seguida de qué papel higiénico se trataba. Verdaderamente fascinante… cuando tienes seis años. Hoy en día, por el contrario, estas imágenes que me quedaron grabadas a fuego, para mi desgracia, me parecen una perfecta metáfora de lo que es la televisión, a saber, una especialista en mierdería. La televisión restriega su áspero papel por el ojete del mundo, adhiriendo toda la porquería, fresca y rancia, para envolverla en celofán y presentárnosla como algo ingenioso y de interés cultural. He aquí un ejemplo de ello: “Gran Hermano es un experimento sociológico”.

La Mierdavisión y el buen cineClaro que hay honrosas excepciones dentro de la programación, gente que sí sabe hacer un entretenimiento de calidad (siempre nos quedará La 2, si el PP nos deja), pero una gran mayoría es Mierdavisión: idiotas integrales haciendo nada en una casa, viejas ricas que exhiben sus casas ultracaras, mamarrachas que enseñan sus tetas operadas en una fiesta en la playa, cotorras que te vomitan sus intimidades a la cara, y un largo y vergonzante etc.

Fue con la adolescencia cuando empecé a renegar de ese objeto mágico que de niño me absorbía, y fue también esa época en la que empecé a descubrir el buen cine, la época en que me tragué El halcón maltés, Un tranvía llamado deseo, Eva al desnudo y tantas otras. Huyendo de la Mierdavisión, me hice cinéfago.

Pero desde unos años hasta hoy, la tele tiene un lado alternativo a la Mierdavisión, un lado que se alimenta de las cadenas de pago y de Internet, un punto donde confluyen televisión y buen cine: las series.

Soy una persona que normalmente huye de los tópicos, y lo de decir que el buen cine hoy está en las series, es ya un tópico, pero que tiene bastante de real. No voy a descubrir la penicilina para nadie por hablar de la gran calidad que tienen muchas de las series que se realizan hoy, incluso puede que haya quien diga que ya voy pasado de moda, pero es así, sigo siendo cinéfago y sigo yendo al cine con la misma frecuencia, pero ahora el 50% de lo que veo en casa son series.

Reconozco que me costó entrar en la moda, incluso he de admitir que le cogí manía a la dichosa frase de “el buen cine hoy está en las series”. Todo cambió cuando decidí ver Lost, esa serie de la que si no has visto algo eres poco menos que un inadaptado social. La devoré con avidez, y después de terminarla sufrí lo que yo llamo Síndrome post-Lost. La duración de dicho trastorno depende del paciente, variando de 1 a 6 meses la media, y sus síntomas son fácilmente reconocibles: si después de ver Lost cualquier película o serie te parece insulsa, fácil o boba, no haciéndote alcanzar el grado de disfrute deseado, entonces, sufres el SPL. A mí el síndrome me duró unos dos meses y acabó justo cuando recibí una maravillosa patada en la boca de Los Soprano, una serie que no merece presentación, y de la que sólo diré que marca un antes y un después dentro de la mafia de celuloide (y quizá también en la de verdad).

Y desde ahí, un no parar: Mad Men, Dexter, Juego de Tronos, Breaking Bad, The Walking Dead, Sons of Anarchy, Carnivàle, Deadwood, Boardwalk Empire… De todos los gustos y colores, que no se diga que no tienes dónde escoger. Cualquier capítulo de las series que he nombrado, va a ser, al menos, igual en calidad a cualquier película puntera de su mismo género.

Dicen que más vale tarde que nunca, y que nunca es tarde si la dicha es buena. Yo ya descubrí, por fin, ese mundo de buen cine que hay más allá de la Mierdavisión. ¿Tú no?

Moisés Hidalgo García

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