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Devaneos acerca de la comida, la identidad y el arte

07 Nov

¡H está de vuelta! Lamentamos habernos apartado un poco de el calendario inicial propuesto para octubre, pero ciertos problemillas que tenemos con el caralibro nos han obligado a hacer una pausa (y que haya sucedido en semana de exámenes parciales no ayuda, no).

¡Pero ya estamos de vuelta! Por ahora seguiremos publicando una entrada nueva en nuestro blog cada jueves durante todo noviembre y esperemos que hasta el infinito y más allá. Si bien nuestro Facebook sigue K.O., nos podéis contactar como siempre a través de Twitter, YouTube o nuestro correo de siempre: hdehumanidades@gmail.com. También se aceptan tazas de café en el Santa Clara.

Estad pendientes del blog, porque posiblemente un día de estos publiquemos el calendario para noviembre y diciembre. Y, sin más, os dejamos con el artículo de esta semana: Devaneos acerca de la comida, la identidad y el arte.

Esperamos vuestros artículos y vuestros comentarios con ansias.

Resulta una práctica común la tendencia a manifestar la necesidad de transformar aquello que nos rodea, la acción de acomodar a nuestra manera lo circundante parece constante y repetitiva.

Lo diseñamos todo a nuestro gusto, elevados, como quien representa el papel de un Creador superior. Transmutamos lo natural hasta convertirlo en territorio propio, esta manera de modificar la naturaleza se hace notoria en numerosos hechos: por ejemplo todo es bautizado, a todo se le coloca un sello, en la cima de las montañas se clavan banderas, e incluso domesticamos al resto de seres vivientes, marcando a fuego a nuestros animales, criándolos como criaturas propias.

La comida también pudiera relacionarse con esta práctica, quizás considerándose el caso más evidente, palpable en la cotidianeidad del día a día. Incluso puede entenderse como una especie de firma, como un incuestionable rasgo identitario; no hay miedo a errar si tomamos como máxima aquella expresión que reza: somos lo que comemos; abriéndose por tanto la posibilidad de entender la relación con la comida, no sólo como un elemento cultural, sino como un rasgo identitario a cada individuo que se integra dentro de una cultura.

Roy L.

Roy L.

La acción de comer va más allá del simple efecto de adquisición de nutrientes, quizás resulte más clarificador para el tema que nos ocupa el previo y necesario acto de cocinar en el que quedan de manifiesto las dotes compositivas propias de cada cual que dan como resultado la creación de pequeños jardines de las delicias, paraísos esféricos henchidos de belleza, provocadores e incitadores del deseo, que precisamente por incitar a este no pueden escapar de su destino efímero.

Ligada por tanto irremediablemente a la acción de comer, y al objeto de la comida, está la idea de consumo, hoy llevada a unos límites insospechados, hasta el punto de que pudiera decirse que entre los síndromes propios de la posmodernidad está el de entender la vida como un inmenso supermercado.

En el supermercado cesta en mano, o empujando un carrito, se deambula por pasillos en los que a ambos lados se contemplan los productos cuidadosamente expuestos, se sucumbe a la llamada de las ofertas, se pasa por caja, se paga y nos vamos a casa. Si en el Medievo se entendía al hombre como un peregrino hacia un fin superior y espiritual hoy podemos adivinar sin mucho esfuerzo como el concepto consumista y voluptuoso del supermercado ha invadido todos los aspectos de la existencia, hasta el punto de que la imagen del que deambula por los cargados pasillos de un supermercado bien podría representar nuestro siglo.

Durante la elección en el supermercado, se tiene la sensación de que nadie nos coarta, parecemos libres para tomar o rechazar; incluso para tomar y arrepentirnos de nuestra decisión, volviendo a dejar el artículo en su sitio.

La sociedad de nuestro momento plantea estructuras de pensamiento y actuación muy similares en su organización al funcionamiento de un supermercado. Se busca, persigue y exige la novedad que sacie el deseo momentáneo; sin más pretensiones que las que plantea el bienestar del instante preciso, los fines son inmediatos y los proyectos efímeros.

La gastronomía, sin haber estado tradicionalmente elevada a la categoría de actividad noble, posee aspectos similares o paralelos a la dinámica artística. Resulta cuanto menos curioso el hecho de que la Documenta de Kassel 2007, el único artista español presente fuera un tal Ferran Adriá.

El concepto creativo artístico, puede equipararse sin dificultad con la acción de cocinar, que supone un acto creativo en sí, sirva como ejemplo su iconografía pictórica a lo largo de la Historia del Arte, de ahí que su representación no se limite al ámbito secundario (como puede verse en La Lechera, de Vermeer), sino que haya asumido con identidad propia el rol de personaje principal en géneros como la naturaleza muerta. Pocas imágenes hablan con tal rotundidad de una época que los austeros y espirituales bodegones de Sánchez Cotán o las fastuosas y exquisitas composiciones del mismo género pictórico salidas de las producciones flamencas.

Es cuestionable hasta qué punto en esta actividad creativa es verdaderamente interesante la magia del proceso. Mientras resulta totalmente contemporánea la idea de que lo artístico se trata de una acción más procesual que final, la incidencia de actividades, en principio ajenas a la producción artística como la gastronomía, aportan nuevos puntos de vista de los que pueden extraerse ideas extrapolables a otros ámbitos.

Este proceso tiene una voluntad más funcional que utilitaria, se enfoca desde un punto de vista estético, por eso estaríamos hablando de un fenómeno decorativo, que quedaría de forma bastante curiosa ejemplificado en el hecho, convertido casi en leyenda urbana, de que las hamburgesas de McDonals se construyen siguiendo punto por punto unos meticulosos planos, como si de un artilugio se tratara.

Esta pretendida búsqueda de la imagen de lo apetecible exagerada hasta el extremo en la presentación contemporánea de la comida hace que surja necesariamente la pregunta que relaciona la comida con la actividad artística, no en vano  ¿Podemos hablar de manifestación estética sin hablar de arte?

Clara Gómez Campos

Artista plástica

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Publicado por en 7 noviembre, 2013 en (H)arte, Parlamento, política y opinión

 

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