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Almodóvar, de los 80 y más allá

15 Feb

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Cuando, de repente, en mitad de una conversación, aparece el nombre «Almodóvar», son muchas las palabras que cruzan nuestra mente: homosexualidad, travestis, droga, sexo, etc. ¿Hasta qué punto es esto cierto? Quizás, si estuviéramos en otro país (Francia o Estados Unidos, por ejemplo), pensaríamos en otras cosas: arte, cine postmoderno, música, etc. Quizás…

pedro-almodovarEl hecho es que la primera época de Almodóvar, es decir, la que se desarrolla en mitad de lo que se denomina la Movida madrileña, nos lleva a pensar lo primero. Así, su primera película, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), nos presenta un panorama en el que el Madrid de la Movida resulta desoladamente libertino para unos y genuinamente representativo para otros. En esta época experimental, en este «primer Almodóvar», como gusta llamar a algunos expertos en cine (ver Roman Gubern), aparecen los temas, personajes, tramas, críticas, etc. que acompañarán la evolución del cine almodovariano hasta nuestros días. Y sí, resulta más que cierto que los homosexuales, los travestis, el sexo y la droga son partes integrantes y esenciales de su cine. Sin embargo, detrás hay mucho más…

Para ponernos en situación… El día 20 de noviembre de 1975, España se despidió de un dictador que había ejercido su poder durante más de treinta y cinco años, dando paso a la Transición democrática en los años posteriores. No nos vamos a centrar aquí en estudiar este proceso, aunque lo merecería, pero me gustaría señalar que no es hasta 1977 que se abole la censura en el cine. Exacto, desde ese momento la opinión del clero español no tenía repercusión alguna en la proyección de escenas de contenido «pecaminoso», «blasfemo» o sexual. Además, a partir de entonces, y como se reafirmará en la escritura de los derechos de los ciudadanos en la Constitución de 1978, todos los hombres y mujeres de España somos iguales ante la ley: eso quiere decir que los homosexuales ya no podían ser considerados como indeseados y punibles legalmente. Cuando en 1979 Enrique Tierno Galván accede a la alcaldía de la ciudad de Madrid, su postura socialista y permisiva conducirá al desarrollo, fomento y consolidación de la Movida madrileña. La duda de si fue una acción de fe o meramente oportunista la dejamos para otro debate… El caso es que en ese momento es cuando Almodóvar empieza a plantearse la dirección y producción de películas, dejando de lado su afán de fotonovelas, cómics y cortos. ¿Coincidencia? Más que un solapamiento, o una coincidencia de tiempo, podríamos decir que los primeros pasos de Almodóvar en el mundo del cine se producen gracias a los cambios, a la revolución incluso, que se mencionan arriba.

Las primeras películas de Almodóvar, es decir las que aparecen entre 1980 y 1986, marcarán el transcurso de la trayectoria almodovariana hasta pasar por la gala de los Óscar y por Harvard. Desde el principio, observamos a un Almodóvar que prefiere los papeles femeninos, que toca temas de gran controversia, que aparece en sus propias películas, que «cita» (por así decirlo) fragmentos de su vida para hacerlos ficción, etc. La revolución de la mujer en la sociedad española va de la mano de la revolución femenina en las películas de Almodóvar. Así, nos encontramos con películas donde las actrices toman el control de la trama: Carmen Maura, Marisa Paredes, Chus Lampreave, Victoria Abril, Penélope Cruz. ¿Os suenan? Pues en efecto, se trata de actrices cuyos nombres se repetirán en los créditos de varias de sus películas, siendo la primera la que «se lleva la palma» en cuanto a cantidad de apariciones.

El cine almodovariano fusiona una serie de características y de elementos que lo hacen suyo: colores, ángulos, escenarios… La puesta en escena y todo lo que rodea a los personajes es esencial para un Pedro Almodóvar que experimenta algunos problemas técnicos (y económicos) a principio de los 80. No resulta demasiado sorprendente, por lo tanto, que su primera película fuera financiada por un amigo cercano y que en ella participaran amigos y colegas de forma voluntaria, o a cambio de un salario bajo. Lo que hace que en 1983, su película Entre tinieblas, presente una técnica cuidada, una mayor profesionalidad de la dirección y de la actuación, etc. no es otra cosa que la genialidad del director. Almodóvar supo demostrar el talento y la originalidad con un bajo presupuesto… Y eso le dio la oportunidad, a partir de entonces, de hacerlo con presupuestos de mayor índole.

Almodóvar es, asimismo, un gran amante del arte. No serán pocas las veces que haga referencias directas, o disimuladas, de obras de algunos de los artistas más reconocidos mundialmente: Picasso, Matisse, Víctor Horta, Tiziano, etc. Tampoco faltan las esculturas, la arquitectura y la literatura. La ciudad de Madrid se presenta como un gran «ente» urbanístico que da cabida y acoge a los seguidores de la Movida. Es una metrópolis en la que se mezclan gentes de todo tipo, de diferentes estilos y gustos, de tendencias musicales dispares, etc. Almodóvar nos presenta una ciudad cosmopolita, a caballo entre tradición y modernidad, entre lugares solitarios e inhóspitos y lugares demasiado transitados, entre lo local y lo extranjero; es una ciudad en
la que la población se concentra en las afueras, como vemos en ¿Qué he hecho yo para merecer esto! (1984). Las grandes áreas de edificios «colmena» empiezan a surgir en una ciudad cuyo centro reúne a los modernísimos grupos underground, punk y pop; a los pijos; a los macarras; a los homosexuales; a los travestis; y a la gente que no pertenece a ningún grupo o comunidad específicos… Madrid es un nuevo Madrid, es un Madrid que se mueve: el epicentro de una Movida que, aunque no es madrileña, bien merece un papel y un peso primordiales en estos «locos» años ochenta.

Los escenarios del «primer Almodóvar», es decir, antes del gran éxito del año 1988, Mujeres al borde de un ataque de nervios, juegan un papel fundamental en sus películas. Algunos son interiores (casas de amigos en algunos casos, locales y bares en otros) y otros son exteriores, pero lo que a lo mejor no sabe el espectador es que muchas de sus escenas fueron rodadas sin permiso de las autoridades por falta de fondos. En ellos se combinan elementos de la España más tradicional con algunos de la Movida madrileña, todo ello acompañado con música de fondo que corona la escena cual guinda en la tarta: los boleros. El cruce de miradas y de palabras con el fondo del famoso bolero de Lucho Gatica (Encadenados) en Entre tinieblas, o la voz de Alaska en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, o la gran metáfora de Espérame en el cielo de Mina en Matador… Todos caracterizan unas escenas de gran fuerza, con personajes eclécticos que nos dejan sin palabras. Todo ello con un entorno de colores vivos e intensos que se harán aún más característicos a partir de 1987.

El aspecto religioso acompaña el cine de Almodóvar. Antes de que en La mala educación (2003) apareciera el tema de la corrupción en el centro de la Iglesia, del maltrato y del abuso sexual de menores por parte de miembros del clero, Almodóvar ya presentaba en su película Entre tinieblas un monasterio de monjas corrompidas, o más bien «diferentes», que consumen droga, escriben novelas eróticas, tienen relaciones sentimentales con mujeres, etc. Aún más, la excelente película protagonizada por un jovencísimo Antonio Banderas, La Ley del deseo (1987), se nos anuncia como un anuncio de la primera película mencionada en este párrafo. Una intensa relación de amor entre dos hombres que se ve alterada por el transcurso de los días y que termina en tragedia, junto con una hermana del protagonista que es travesti y está a cargo de una menor, a la cual lleva a su antiguo colegio de curas para reencontrarse con un monje que, supuestamente, había abusado de él/ella cuando era joven.

Exacto, las tramas de las películas almodovarianas forman una auténtica red de temas, historias, personajes, lugares y tiempos que más que de «caótica», debería de tacharse de «hipertextual», siguiendo las palabras de un gran experto en el tema (Pedro Poyato Fernández). Con este término procedente de la lingüística, en este caso aplicada no a la literatura sino al cine, nos referimos a la capacidad del cineasta de entrelazar elementos de sus películas con otros elementos internos o externos a ellas. Almodóvar relaciona temas, personajes y temas con otros presentados en películas anteriores, o incluso con los que supuestamente deben venir en el futuro (es el caso de Chicas y maletas, película ficticia que protagoniza Penélope Cruz en Los abrazos rotos). Almodóvar sabe adaptar novelas, como hace en Carne trémula; sabe sacar cortos de películas (La concejala antropófaga); sabe citar sutilmente a los grandes cineastas anteriores (sobre todo, Fellini)… Almodóvar, en resumen, no crea textos, sino hipertextos. El resultado de la aplicación de sus hipertextos al cine es una amalgama de elementos que, combinados entre sí, crean una obra maestra, una obra almodovariana.

Esta breve introducción, brevísima incluso, al primer cine del gran Almodóvar (y un poco más allá) pretende advertir de todo lo que se esconde detrás de las imágenes de este cine. No es solo sexo ni drogas ni alcohol ni homosexualidad, coincidiréis ahora conmigo en que es mucho más. El cine de Almodóvar es: música, arte, literatura, cine, vida, libertad, pensamiento, expresión y mucho más. La próxima vez que afrontes a un «monstruo» almodovariano, es decir uno de sus grandes éxitos, analiza el entorno, la música de fondo, el atuendo de los personajes y ve más allá de sus palabras y acciones. ¿Qué encontrarás? Te doy un adelanto: pintura modernista, música tradicional, metáforas, citaciones directas o indirectas, referencias a «los grandes» del cine, historia de España, y mucho más…

Alejandro Bolaños

 
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Publicado por en 15 febrero, 2014 en La última fila

 

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