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Teatro

02 Mar

¡Hoy la cosa va de teatro! En primer lugar, os recordamos que el próximo viernes 7 de marzo la compañía Furor Bacchicus de la Facultad de Humanidades de la UPO estrenará su última obra, la primera tragedia clásica representada hasta el momento, en el paraninfo de la universidad en dos sesiones, una de mañana para institutos a las 12:00 y otra por la tarde a las 18:00. En ambas la entrada será libre hasta completar aforo.

¡No os perdáis Las troyanas de Eurípides! A continuación os dejamos la ficha técnica para más información, y continuamos con el artículo de hoy. ¡Disfrutadlo!

Las troyanas

Ficha técnica de Las troyanas (PDF).

Bambino respetaba a cualquier persona que se subía a un escenario a cantar, y así se lo dijo a Carlos Herrera cuando este le preguntó por sus compañeros y compañeras de profesión. En este oficio de lo expuesto, siempre hay un mérito, que irá por delante a la hora de hacer consideraciones, como voy a hacer yo ahora, y hay también un riesgo y un amor. Si el riesgo y el amor tienen más que ver con el exhibicionismo, el narcisismo y la vanagloria que con el tesón, la poesía, la sutileza y el compromiso de decir a los hermanos, es un misterio eleusino que uno no se atreve a desvelar del todo y una pregunta que prefiero que no me hagan. Pero hay que hacer una apuesta, debemos llevar a nuestra voluntad por el camino del bien (el tesón, la poesía, la sutileza y el compromiso), hasta consagrarnos como lo que somos: seres inútiles.

En nuestra inutilidad, en nuestra platónica insignificancia reside, como explica Arrabal, la llave de nuestra existencia: “Estamos en las catacumbas”, dice el maestro, “desde allí, poco a poco, cambiaremos el mundo”. El exhibicionista, en cambio, en un acceso de soberbia y ganas de forrarse, caerá rápidamente rendido a los encantos del poder, a los fajos de la intelligentsia, y hará lo que le pidan con tal de que le dejen salir en un teatro público grande. Y ese, el exhibicionista, quién sabe si llegará a convertirse en un instrumento de propaganda tan eficaz que ayude a perpetuar el mundo que conocemos.

Para mí, la escritura dramática es un compromiso estético y político. Con “político” no quiero reivindicar el panfleto y la manifestación en escena, que no me interesan, sino llamar la atención sobre lo inevitable de comprometerse a cada palabra que escribimos y dice un actor delante de un grupo de personas, o cada movimiento que dibuja en el espacio un bailarín. El engagement es, por decirlo rápido, involuntario. Te viene solo y no te lo puedes quitar de encima, pero sí te respetan un pequeño margen de elección: puedes ser un poeta o puedes ser un exhibicionista, puedes intentar cambiar algo, ser un pequeño anarquista -mucho menos eficaz, sin duda, que una bomba, porque estamos en las catacumbas-, o puedes seguir siendo de lo mismo de siempre, que muchas veces es malo, anquilosado y culpable.

mascara-teatroEl poeta, a pesar de lo que estoy escribiendo, no es un héroe. Disfruta de la cobardía del oscuro desconocido, aquel que puede poner a parir a los poderosos en casa y puede enarbolar su bandera preferida en su cuarto, pero que difícilmente sale al balcón a gritar, y si grita, lo escuchan pocos. Como se dice, si quieres guardar un secreto, escribe un libro. Pero he aquí un arma de doble filo. Tu propio escondite puede trocarse en tribuna pública escuchadísima, y pueden aplicarte la ley Antiterrotista, que te hará famoso. Esta es la victoria del escándalo, apreciado manjar para boca de artistas: Dalí, Arrabal, Castellucci. El escándalo puede hacerte ganar dinero, pero lo que realmente significa es que has hurgado en una herida, en una historia sagrada incontestable puesta de frente a sus propias paradojas. El humor y la ironía revientan en tus manos con todo el encanto sagrado y trascendente de la política. Un exhibicionista diría, musitando la célebre copla de bulería: Paso por to, pero por esto no paso yo.

En los últimos tiempos, buen número de periódicos nacionales -españoles- celebra a bombo y platillo la proliferación de salas alternativas en Madrid. Salas alternativas (¿a qué?) ya es un sintagma misterioso. Y Madrid es también un gran misterio. Blogueros especializados (Perro Paco por ejemplo, en la plataforma Tea-tron) muestran recelo ante este fenómeno y dudan de que estas pequeñas salas (Microteatro por dinero o La casa de la portera, por poner dos ejemplos que gozan de fama) puedan ofrecer algo realmente alternativo, que sean una vía de experimentación o una posibilidad de renovación de la escena madrileña. ¿No son más bien la cantera de los teatros públicos grandes, el teatro de siempre?

Un repaso a la cartelera deja ver a toda luz que no abundan las nuevas propuestas escénicas, que muy pocos están intentando renovar el lenguaje. Sospecho que la escena alternativa repite, pero con menos dinero, los esquemas de la escena adulta. Los esquemas son seguros y están sustentados estatalmente, y han pasado de ser una forma más de teatro a convertirse en la única e inexorable respuesta a qué sea el teatro.

El teatro es esto. ¿El qué? Ve al Teatro Español o al Centro Dramático Nacional y lo verás. Todo lo demás, querido amigo, no es teatro: es solipsismo y ganas de molestar al personal, es onanismo. Y ya se ha pasado el tiempo en que la gente iba a ver cómo se masturbaba un señor en escena; ahora queremos que nos cuentan historias como Dios manda.

Así pues, las salas alternativas -con honrosísimas excepciones- son las escuelas de oposiciones al teatro de verdad. Son también el lugar al que bajan los directores reputados alguna vez -cuando están en paro- para recuperar su adolescencia y disfrutar del trabajo sin prisas.

No obstante, existen propuestas renovadoras. El Conde de Torrefiel viene pronto a Madrid y tengo muchas ganas de verlos. Se recomienda a los lectores que busquen sus vídeos en Youtube. Pero, insisto, me llama la atención que la red alternativa o joven o como se quiera llamar, haya apostado abiertamente por el teatro de verdad de siempre, y no esté dispuesta, en general, a asumir riesgos y a meter la pata.

Desde los años ochenta asistimos a la metástasis del cáncer del teatro público, es decir, el teatro ministerial. La casidivina revista Teatra advertía en sus primeros números (años 80) del peligro que significaba que los tentáculos de Cultura alcanzaran a todas las salas y a todos los corrillos de creación. De memoria digo que preveían que, si no se ponía freno a este afán del Estado, pronto el panorama escénico se vería reducido a dos o tres modos de concebir la escena y punto, y que las salas que no se arrimaran a su sombra, de solas y abandonadas, acabarían cerrando.

Aquí es donde se hace necesaria la revuelta, el grito de la catacumba. El poeta debe alzar la voz y reclamar un nuevo teatro. Es un ejercicio más difícil de lo que parece: consiste en hacer lo que a uno le dé la gana, consiste en jugar y ofrecer. Pero no hay que dejar nunca de lado la reflexión y el pensamiento (muy mal vistos hoy), el sustento filosófico de lo que se hace, la cavilación en torno a las formas. Un nuevo teatro no es otra cosa que el hermano de un nuevo pensamiento. Una sociedad nueva, a la que nos estamos acostumbrando, trae un pensamiento distinto y un teatro distinto. Hay que buscarlo. Hay que dejarse seducir por las obscenidades y los encantos perversos de nuestro tiempo. Il faut être absolument moderne!

César de Bordons

 
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Publicado por en 2 marzo, 2014 en La última fila

 

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