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El sexo y la muerte

30 Mar

Un método peligroso

El canadiense David Cronenberg se hizo famoso por el peculiar estilo de sus películas, que se movían entre la ciencia ficción y el terror, siendo considerado el padre de lo que se conoce como “Nueva carne”, concepto que hace referencia a su obsesión fílmica de la transformación y el horror corporal. Su cine se sumergía en un terror clínico, científico, visceral y epidérmico, siendo quizá el mejor ejemplo de esto su famoso remake del clásico de ciencia ficción La mosca. Pero aparte de la visceralidad de su estilo, sus películas también tienen una carga psicológica, que tiene que ver con lo retorcido de sus argumentos. Con los años, sus películas se han ido desnudando del elemento gore, haciéndose más fuerte esa presencia de lo psicológico.

Ya en una de sus primeras películas, Cromosoma 3, se hacía patente esta inmersión del terror dentro del psiquiátrico. Esta película nos muestra las consecuencias de una peligrosa terapia psiquiátrica basada en la somatización de los problemas psíquicos de los pacientes, es decir, la canalización de estos problemas mentales para su transformación en síntomas físicos, como por ejemplo erupciones cutáneas. La terapia se vuelve insostenible cuando el odio de una mujer bastante desequilibrada toma una presencia violenta, naciendo de su piel unos seres malvados que se dedican a matar. Aunque no deja de ser interesante, da un poco de rabia que esta película pase de ser una buena idea a quedarse en una típica película de terror de “monstruitos”, cosa que es precisamente es lo que le interesaba al director por la época.

Un método peligrosoMás tarde, cuando el estilo del director se va haciendo más realista, dirige una película en la que los trastornos mentales vuelven a tomar protagonismo, Spider, un film que nos coloca tras los ojos de un demente (interpretado genialmente por Ralph Fiennes) que empieza a revivir un episodio traumático de su infancia. Resulta simbólica la escena en la que vemos un espejo roto al que le falta una pieza, símil de la mente del protagonista. Cuando la pieza es encontrada, está manchada de sangre.

Parecía ideal que el director, alejado ya de su estilo inicial, se topara con el argumento de la obra teatral de Christopher Hampton The talking cure, un drama histórico que nos narra, con toques de ficción, la relación entre los psicoanalistas Carl Jung y Sabina Spielrein, con la presencia también de Sigmund Freud. Y el resultado de este choque entre Cronenberg y esta historia es la película Un método peligroso.

Como dijimos, aparte de un par de escenas sexuales tampoco muy explícitas, la visceralidad desaparece, sin embargo, algo nos sigue oliendo a podrido en el ambiente, sabiendo el director transmitirnos perfectamente la atmósfera viciada que envuelve la relación de los protagonistas, su toxicidad e inestabilidad. La película pretende, en definitiva, dejarnos mal cuerpo, y consigue hacerlo huyendo de toda casquería.

Sabina Spielrein, es una de las principales desarrolladoras de lo llamado como pulsión de muerte, una teoría que expone que la sexualidad nace de un impulso de autodestrucción, ya que el yo se pierde en el otro destruyendo su individualidad, siendo esto lo que explicaría el porqué de la represión de la sexualidad por parte del yo como forma de autodefensa. Sabiendo esto, no parece casualidad que Cronenberg dirigiera esta película, ya que una de sus obsesiones fílmicas es la plasmación del sexo como algo desagradable y malsano, apareciendo esta idea en la mayoría de sus películas, y significando Crash el culmen de esto. Esta impactante película nos muestra a un grupo de personas que se excitan sexualmente con los accidentes automovilísticos, tomando sus personajes el accidente de tráfico como una explosión liberadora de energía sexual reprimida, saltándose así los límites de la moralidad.

Aparte de mostrarnos la retorcida relación sexual de Jung y Spielrein, teñida de sadomasoquismo, en Un método peligroso encontramos otra conexión con Crash, la del personaje interpretado por Vicent Cassel, que al igual que los protagonistas de la anterior película, decide no poner barreras morales a la realización de sus deseos. A su vez, este desafío a la moralidad también está presente en la última frase de la película, pronunciada por un Carl Jung resignado: «a veces hay que hacer algo imperdonable para poder seguir viviendo».

En definitiva, decir que aunque el cine de Cronenberg se nos presente ahora con una cara distinta, su psicología sigue siendo igual de cruda. Un método peligroso es sin duda una muy buena película que nos invita a pensar y a sentirnos incómodos. Una película, pues, “peligrosa”.

Moisés Hidalgo García

 
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Publicado por en 30 marzo, 2014 en La última fila

 

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